Mundos sensorizados
By Enrique Dans
La adquisición de Lapka, una compañía rusa de diseño industrial de apariencia hipster y sofisticada que fabrica un conjunto de sensores para ser enchufados en la clavija de sonido de un iPhone, por parte de Airbnb, me ha parecido un movimiento sorprendente, pero con muchas posibilidades de ser interesante y de apuntar hacia algo que me llama mucho la atención últimamente: la llamada internet de las cosas, o IoT.
La última vez que había oído hablar de la compañía fue vinculada al proyecto Ara de terminal modular de Google, hace casi un año: su idea era integrar sensores en el diseño, de manera que el terminal pudiese convertirse en un auténtico sensor ambiental. En aquel momento, la compañía fabricaba sensores de radiación electromagnética, temperatura, radiactividad y de detección de determinados químicos como los nitratos, cuyos niveles utilizaban para tratar de discernir si un alimento procedía o no de cultivo orgánico. El conjunto de sensores, fabricados con un diseño muy atractivo y cuidado en madera y plástico blanco, costaba unos 220 euros (llegó a estar en torno a los 120 euros posteriormente), y daban la impresión de ser, en cierto sentido, un producto a la espera de su mercado y de un empujón en una posible – pero no sencilla – popularización. En este vídeo se puede ver la idea:
Posteriormente, la compañía creó también un analizador de aliento, también con un diseño impresionantemente minimalista y atractivo, pero con escaso impacto comercial. La adquisición por parte de Airbnb, sin embargo, obliga a pensar en la compañía de otra manera: el anuncio deja claro que la compañía va a abandonar sus actuales líneas de desarrollo y comercialización, y que se trata en realidad de un clarísimo acqui-hire, de una adquisición de un equipo. La idea, claramente, parece tender a la sensorización y al desarrollo de elemento que permitan mejorar la experiencia de uso de las propiedades ofertadas por Airbnb, generando productos que permitan ofrecer ventajas tanto a los propietarios como a los usuarios. Entre las posibilidades, existen por ejemplo posibles sensores de presencia que avisen de la llegada de los huéspedes, cerraduras inteligentes que eviten el problema actual de encontrar un lugar donde dejar las llaves para su recogida, o sensores de diversos tipos para avisar de cualquier eventualidad.
Para el equipo de diseño de Lapka, la adquisición supone contar de repente con todo un parque de más de mil doscientos millones de propiedades en las que extender sus dispositivos, funcionando a modo de mercado: aquellos propietarios que opten por incorporar ese tipo de sensores y posibilidades para ofrecer una mejor experiencia a sus huéspedes obtendrán una cierta diferenciación, y que podrá suponer posiblemente una propuesta atractiva para ellos. En un mercado en el que los principales factores suelen ser la localización y el precio, la posibilidad de diferenciarse en función de otros atributos que vayan desde elementos como el diseño o la decoración, hasta la sofisticación tecnológica o la comodidad / tranquilidad ofrecida por una sensorización bien hecha, pueden convertirse en elementos interesantes.
Que IoT es una realidad cada vez más tangible parece claro y evidente: a medida que los sensores van disminuyendo su precio, consiguiendo un diseño más atractivo, y aumentando la facilidad para su conexión permanente, las aplicaciones posibles van creciendo, y la imaginación de los emprendedores va ocupándose de ir llenando esos huecos, mientras otras compañías se encargan de intentar proveer dispositivos a modo de hubs de conectividad con funciones adicionales (el router OnHub de Google, los dispositivos multisensorizados de Nest, el Echo de Amazon, etc.) Que este despliegue pueda ponerse a prueba no tanto en la vivienda habitual, como en aquella que ocupamos durante unos pocos días cuando viajamos, supone una facilidad a la hora de promover la prueba que puede llegar a ser un factor sumamente interesante (dado que la curva de aprendizaje es, como ocurre con las apps, cada vez más inexistente). Y para Airbnb, un curioso factor diferencial.
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