Los dilemas de la automatización

Los dilemas de la automatización

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By Enrique Dans

Cada día parece más claro: por mucho que Amazon insista en decir que las personas siguen siendo fundamentales en sus procesos logísticos, la realidad se impone: para estas navidades, la compañía incorporará por primera vez a menos trabajadores eventuales en sus almacenes, una señal clara de que los trabajos que desarrollaban estos empleados están siendo cada vez más desempeñados por robots, y que la compañía incluso se apoya en esa visión para elevar el sueldo mínimo de sus trabajadores.

La agenda se va cumpliendo de manera inexorable, a pesar de las objeciones de los escépticos: no hay más que deleitarse unos minutos con vídeos como este de un almacén de Amazon o este otro del almacén completamente automatizado de JD.com, auténtica poesía en movimiento y un signo evidente de los tiempos que vivimos. Pero claro, lo que a mí, un profesor de innovación, me parece poesía en movimiento, para un operador de almacén son las trompetas de Jericó enviándolo al paro. A medida que avanza el tiempo, el trabajo de una persona en un almacén se convierte en completamente innecesario y menos productivo que el de los robots, y va enviando al paro a los millones de personas que desempeñaban una labor que, nos pongamos como nos pongamos y evaluada por cualquier estándar posible, tenía muy poco de humana. Utilizar a un ser humano para deambular por un almacén, para escoger el paquete adecuado y cargar con él hasta una estación de embalaje puede ser una manera de que ese humano obtenga los recursos necesarios para vivir, pero está muy lejos de ser lo que deberíamos demandar de una ocupación para una persona. Pronto, todas las compañías que no automaticen sus procesos logísticos con este nivel de robotización se irán encontrando con una progresiva demanda de incremento salarial de los trabajadores que les queden, se convertirán en más conflictivas, y dejarán de ser competitivas en costes, con todo lo que ello conlleva. Con China liderando con gran ventaja la automatización, la evolución va a ser, sin duda, mucho más rápida de lo que se esperaba hace pocos años.

Pero los almacenes y la logística no son más que una pequeña y limitada visión de lo que se avecina: los vehículos autónomos de Waymo ya han obtenido el carnet de conducir para moverse sin conductor de seguridad por el estado de California, y la compañía está ya simplemente haciendo tests de mercado para decidir el precio que va a poner a su servicio. Los robotaxis ya prácticamente están aquí, conducir un vehículo está a punto de convertirse a todos los efectos en una actividad no humana y de enviar al paro a millones de taxistas, conductores de VTC, camioneros y repartidores, pero muchos siguen aún negando tozudamente que sean posibles y enterrando la cabeza en la arena para no verlo. En 2012, la NTHSA norteamericana estimó que el 31% de los accidentes fatales en el país estaba relacionado con el abuso de alcohol, el 30% con la velocidad excesiva y el 21% con las distracciones. Los vehículos autónomos nunca beberán, nunca correrán más de lo que sea seguro y nunca se distraerán, y aunque algunos accidentes sean inevitables, se estima que sustituir a todos los conductores humanos por ordenadores podrá reducir las muertes y lesiones en carretera en un 90%, un millón de personas al año. Esto no son opiniones: son cifras. Al nivel actual, la idea de bloquear o retrasar la automatización para salvaguardar algunos empleos es simplemente una estupidez irresponsable, porque lo que debemos proteger, claramente, es a los humanos, no sus puestos de trabajo.

Amazon Go y sus tiendas sin cajeros se están convirtiendo en el futuro de la gran distribución y haciendo innecesarios varios millones de empleos. Veinte abogados expertos en derecho administrativo compiten contra una inteligencia artificial revisando contratos y pierden por goleada tanto en tiempo requerido para completar la tarea como en el nivel de precisión y rigor obtenido. Visites la industria que visites, te encontrarás iniciativas para avanzar en su automatización y hacerla intrínsecamente mejor, más precisa, con menos errores, más competitiva y más barata.

Las consecuencias de la automatización son inevitables y, además, no suenan del todo mal: precios más baratos y más tiempo libre. Obviamente, las cosas no son tan sencillas: es fundamental trabajar para encontrar un nuevo modelo social no basado en las horas de trabajo y que, sobre todo, evite el progresivo y ya insostenible incremento de la desigualdad, origen de los problemas que históricamente han acabado con imperios enteros y que ya muestra muchos síntomas de estar convirtiéndose en el problema más acuciante de la civilización actual. La realidad, aunque muchos no sean capaces de darse cuenta, es que no existe un “equipo de los humanos” contra un “equipo de las máquinas”, no hay ninguna competición que uno de los dos deba ganar. Por mucho que nos podamos imaginar a legiones de profesionales enviados al paro convertidos en luditas e intentando destruir las máquinas que convirtieron sus trabajos en obsoletos, la realidad es que, como bien dice Gianpiero Petriglieri en un delicioso artículo en Harvard Business Review titulado Business does not need the Humanities — but humans do, no existe un “equipo de las máquinas”, sino simplemente humanos que tienen o no tienen acceso a esas máquinas. Pensar en desinventar la tecnología, en renunciar a su desarrollo o en legislar para que no sea utilizada es sencillamente estúpido, irresponsable y retrógrado. La excusa de la preservación de los puestos de trabajo es cortoplacista y perdedora. No queda nada más – y nada menos – que plantearse cómo vamos a evolucionar como sociedad, cómo vamos a reinventarnos como humanos cuando nos liberemos de muchas de las cosas que no nos gusta especialmente hacer, qué modelo social servirá para acomodar una sociedad en la que las ocho horas de trabajo diario pasen a ser algo tan anticuado e innecesario como nos lo parecen hoy las largas jornadas de trabajo manual que tenían que soportar los trabajadores de hace un par de siglos.

Los dilemas de la automatización precisan de un nuevo modelo de pensamiento: no es disponer de la tecnología, sino de la visión necesaria como para adoptarla. No es un problema tecnológico, es un problema de diseño de modelo social. Y no tengo claro que tengamos la madurez como para desarrollarlo.

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