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La tragedia y los comunes: el caso de los quioscos de conectividad en Nueva York

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By Enrique Dans

Sidewalk Labs, la compañía que llenó Nueva York de quioscos con acceso a internet de alta velocidad, WiFi, puntos de recarga para dispositivos y una gran pantalla desde la que acceder a la red, se ha visto obligada a suspender ese acceso. La razón es el uso que de estos quioscos estaban haciendo fundamentalmente personas sin hogar que, ante la posibilidad de acceder a contenidos de todo tipo – incluso pornografía, o música a volumen elevado a horas inadecuadas – se instalaban con todos sus enseres al lado de los quioscos y prácticamente monopolizaban su uso, generando incluso algunos incidentes.

La cuestión no deja de ser un ejemplo de diccionario de la llamada tragedia de los comunes: una situación en la cual varios individuos, motivados solo por el interés personal y actuando independiente pero racionalmente, terminan por destruir un recurso compartido limitado (el común) aunque a ninguno de ellos, ya sea como individuos o en conjunto, les convenga que tal destrucción suceda.

La decisión de instalar los puntos de acceso como forma de modernizar unas anticuadas cabinas telefónicas que cada vez tenían menos sentido se tomó, en parte, como una medida de inclusión: para poder ofrecer acceso a algo tan importante como la conectividad a ciudadanos que lo pudiesen necesitar en un momento dado. Se trataba de hacer un planteamiento amplio, de ofrecer un recurso a quien no lo tiene disponible, bien sea de manera meramente coyuntural (“se me ha acabado la batería” o “he salido de casa sin el móvil) o de manera estructural (“no puedo pagar una conexión” o “no tengo casa”). Y de hecho, el atractivo del proyecto para el alcalde demócrata de la ciudad, Bill de Blasio, estaba en gran medida en su capacidad para la inclusión, para romper el llamado digital divide, las diferencias entre conectados y no conectados. Sin embargo, parece evidente que una cosa es proporcionar un recurso puntual, y otra muy diferente montarse un salón al aire libre con música y televisión, convirtiendo el punto de acceso en un lugar que no solo genera problemas de imagen, sino posiblemente también de seguridad: ¿qué hacer cuando infinidad de ciudadanos comienzan a compartir en redes sociales imágenes de puntos de acceso convertidos en improvisadas salas de estar? ¿Están esas infraestructuras realmente ofreciendo conectividad a los desconectados, o están sirviendo para otra serie de cosas diferentes y que, de alguna manera, no estaban en el programa?

Desde la instalación de los quioscos, la actitud de la policía de la ciudad había sido tolerante: reconvenir a quien no tiene nada que perder es una tarea complicada, y hacerlo precisamente con los que más pueden necesitar una infraestructura así no parecía una actitud que fuese a generar un buen punto de partida. Pero las sucesivas protestas de ciudadanos que ven el punto de acceso de su calle monopolizado por indigentes, por mucha conciencia social con la que se intente sazonar la cuestión, han determinado un curso de acción que, desgraciadamente, resulta ser el peor: ante los conflictos que genera el recurso compartido… eliminamos el recurso. Como comentan en Business Intelligence, “this is why New Yorkers can’t have nice things.”

La actitud de la compañía, comunicada en su página, es clara:

“We also know that some users have been monopolizing the Link tablets and using them inappropriately, preventing others from being able to use them while frustrating the residents and businesses around them. The kiosks were never intended for anyone’s extended, personal use and we want to ensure that Links are accessible and a welcome addition to New York City neighborhoods.”

(“También sabemos que algunos usuarios han monopolizado nuestros quioscos y los han utilizado de manera inapropiada, evitando que otros pudiesen usarlos y convirtiéndose en una frustración tanto para los residentes como para los negocios que los rodean. Los quioscos nunca fueron diseñados para el uso personal y prolongado de nadie, y queremos asegurar de que son accesibles y bienvenidos en la ciudad de Nueva York.”)

¿Cómo ofrecer un elemento como este para su uso, sin que se convierta en objeto de abuso? La ingeniería social es una ciencia compleja. Pocos realmente esperan que la eliminación de la función de navegación se prolongue en el tiempo, y más bien se ve como una medida temporal mientras se rediseñan las características del servicio para evitar esos patrones de utilización, posiblemente añadiendo una caducidad a las sesiones o introduciendo otros elementos que dificulten un uso prolongado. Pero por el momento, el ejemplo de Nueva York queda como aviso a navegantes: aunque parezca una buena idea, y sin duda en este caso lo es, no siempre es sencillo evitar problemas en su puesta en marcha. ¿Problemas derivados de la tecnología? No, problemas derivados de la naturaleza humana.

Puedes leer el artículo completo en: : La tragedia y los comunes: el caso de los quioscos de conectividad en Nueva York

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