La tragedia del hombre desactualizado

La tragedia del hombre desactualizado

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By Enrique Dans

Ayer me sorprendió profundamente una pequeña pieza de Bieito Rubido, compatriota coruñés y director del ABC, que obviamente no voy a vincular para evitar que algún periódico me quiera aplicar algún tipo de canon por enlace, pero que sí he reproducido gráficamente – si alguien quiere pedirme dinero por ello, que se vaya a pedir a Sierra Morena, o a todas las barras de todos los bares donde aún habitualmente se comenta la prensa del día.

La sorpresa, por supuesto, proviene de la increíble y diáfana prueba de que su autor no ha entendido nada, absolutamente nada, de los elementos que conforman algunos de los cambios más importantes que condicionan su labor como periodista o como director de un medio. Porque precisamente lo importante empieza por señalar que no tuve noticia de la pieza de Rubido por su periódico, que no leo porque considero excesivamente apolillado desde hace tiempo inmemorial, ni mucho menos en papel, donde considero que la lectura de noticias hace ya mucho tiempo que no tiene sentido, sino precisamente a través de esas redes sociales que el autor considera “un espejismo”.

Un espejismo que en la mayoría de países – España entre ellos – conforman una amplísima mayoría de los ciudadanos. Porque en España, señor Rubido, hay muchísimos más usuarios activos de redes sociales que lectores de periódicos, se mire como se mire. Y verá, señor Rubido: eso no es ni bueno ni malo, simplemente es así. Es fruto de una evolución lógica, de un proceso de adopción de tecnología que lleva, se pongan como se pongan los periódicos, a que los usuarios tiendan a preferir medios más avanzados, más bidireccionales y más actualizados. Medios que pueden consumir con más facilidad, con mejor experiencia de usuario, con más agilidad, con más independencia del tiempo y el espacio. Infinidad de ventajas que únicamente niegan aquellos que no entienden nada de todo esto, y que precisamente por esa ignorancia, corren el riesgo de echar a perder los medios que dirigen.

Verá, señor Rubido: las redes sociales tienen muy poco de espejismo. Las redes sociales son las ágoras donde hoy en día se exponen, se discuten y se debaten infinidad de ideas. Con todo tipo de matices: hay quienes, en lugar de exponer, discutir y debatir ideas, prefieren arrojarlas, insultarlas o ridiculizarlas, pero qué le vamos a hacer, son las características y los misterios de la naturaleza humana, algo que ni los periódicos, ni las redes sociales, ni la política, ni su periódico van a conseguir cambiar. La visión de que las redes sociales, o internet en general, suponen algún tipo de proceso de sustitución frente a lo que algunos llaman “vida real” es ya no vieja, sino viejuna.

Que yo tenga mucho amigos o muchos seguidores en redes sociales no implica, por mucho que usted lo piense, que esté todo el día delante de la pantalla de un ordenador. Yo, ahora mismo, tengo casi un cuarto de millón de seguidores en Twitter. Según su triste imaginación, eso debe corresponder a que no tengo vida, a que me paso todo el día metido en Twitter. Pues mire, no. Nada que ver. Tengo vida, amigos, y acabo precisamente de terminar una barbacoa con algunos de ellos, más de cinco horas delante de una carne riquísima, con postre, café, copas y hasta puro (que no suelo fumar nunca, pero mire, precisamente hoy ha dado la casualidad que uno acababa de venir de un viaje a Cuba y traía unos riquísimos). Si usted piensa que las redes sociales suponen de alguna manera una negación de la vida “como dios manda”, que quiere que le diga: se equivoca. Con mayusculas: SE EQUIVOCA. Debería intentar enterarse de cómo funciona esto: las redes sociales no implican una negación de la vida social con relaciones interpersonales, sino un enriquecimiento de la misma.

Y el problema, perdone que se lo diga, no está en usted, sino en su periódico. Mientras usted y su periódico sigan pensando que las redes sociales son cosa de cuatro frikies, no será capaz de evolucionar ni de convertirse en una alternativa razonable para el futuro. Su periódico sigue trabajando para ser un canal informativo para los pocos – cada vez menos, por pura demografía – que siguen prefiriendo informarse en papel. A medida que el tiempo pase, sus lectores de papel irán inexorablemente muriendo, pero los que seguimos informándonos en las redes sociales no tendremos interés en leer su periódico, porque nos da las noticias como usted cree que deberían darse a los frikies, no a las personas normales que hoy, se ponga usted como se ponga, se informan en las redes sociales.

Hoy, señor Rubido, las redes sociales son la vía por la que el presidente Obama, el hombre más poderoso del mundo, se relaciona con sus ciudadanos. Son la manera en que el gobierno de Irán intenta mejorar su imagen frente al mundo occidental. Son la forma en que se desarrolla una discusión sobre si es necesario o conveniente que unos ediles recién elegidos sean hechos responsables por unos tweets que, tomados completamente fuera de contexto, hacen parecer que son violentos o antisemitas. Si usted sigue creyendo que las redes sociales tienen que ver con “una obscena exhibición de nuestra vida privada”, es que no se ha enterado usted de nada. DE NADA. Un trending topic, aunque usted no lo crea, supone que muchos ciudadanos sintonizan con lo que uno acaba de decir. Si alguien piensa que yo creo tener casi un cuarto de millón de amigos es, de nuevo, que no se entera de nada. O que sencillamente es tonto.

Los países, estimado señor Rubido, tienen que gobernarse hoy en día en función de lo que las redes sociales dicen, porque las redes sociales reflejan el pensamiento de la mayoría de los ciudadanos. Si un gobierno toma una decisión y las redes sociales se le echan encima, es que posiblemente no debería haber tomado esa decisión, o no la ha explicado suficientemente bien. Es lo que hay: hoy, los ciudadanos tienen voz, y la expresan en las redes sociales. Si usted cree que eso no tiene ninguna importancia, o que los gobiernos deben gobernar independientemente de lo que digan las redes sociales, debería retirarse, y dejar que alguien que entienda mejor este fenómeno dirija su periódico. Al menos, si quiere que su periódico vea el principio de la próxima década. Cosa que no ocurrirá si personas como usted, con ideas claramente desactualizadas, siguen dirigiéndolo.

Señor Rubido, hágase un favor: inscríbase en un curso sobre estos temas. No soy yo, con mis muchos años de experiencia, el único que puedo dárselo: hay muchos sitios en los que puede hacer un curso para enterarse de qué va esto. Con cincuenta y siete años, le aseguro que aún podría intentar enterarse de cómo el mundo ha cambiado y reencauzar su vida profesional. En unos cursos se enterará mejor que en otros, pero siempre estará mejor que como está ahora, pensando que las redes sociales son algún tipo de absurda contraposición a lo que usted considera “vida real”. Las redes sociales son personas reales, con vidas reales, que expresan ideas reales. Si no lo entiende, está usted mejor en cualquier otro sitio que no sea dirigiendo – o hundiendo – un periódico.

Ah, por cierto: el CEO de Twitter, Dick Costolo, no se ha ido porque no crea en su proyecto, o porque crea que su composición sea básicamente “aire calentito”, o como usted dice, “atmósfera”. Se ha ido porque es difícil asentar un proyecto comunicativo nuevo en un entorno en el que se le piden objetivos de facturación infinitas veces más grandes que los que tiene usted en su periódico. Según los criterios que han hecho abandonar a Dick Costolo, usted debería haberlo dejado hace varios años. El proyecto de Twitter sigue muy vivo, y seguirá estándolo en manos de su sucesor. Si usted cree que Twitter está de alguna manera herido de muerte, vuelva a leer, a ver si se entera. No es así. Twitter vale infinitas veces más que su periódico,y representa el pensamiento de las personas de una manera infinitas veces más fiel. Mientras no sea capaz de verlo, haga un favor a sus inversores: aprenda, o retírese.

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