La tiranía de la eficiencia

La tiranía de la eficiencia

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By Enrique Dans

Un interesante artículo de Roger Martin en Harvard Business Review, titulado The high price of efficiency, desafía la intuitiva idea de que la eficiencia es la base de la innovación y la disrupción, y plantea exactamente el escenario contrario: que la búsqueda de la eficiencia a toda costa redunda en menos innovación, en una concentración mayor, en mayores niveles de desigualdad y en una mayor fragilidad estructural derivada del monocultivo.

Es bien sabido que una ganancia de eficiencia derivada de un proceso innovador puede dar lugar a la disrupción de toda una industria. Los ejemplos son claros: el uso de internet, por ejemplo, generó varias compañías capaces de poner en marcha procesos sensiblemente más eficientes que los de sus competidoras tradicionales, y llevó la disrupción a industrias tan variadas como la música, los medios de información, el comercio, etc. Sin embargo, el resultado de llevar esa búsqueda de la eficiencia hasta el límite ha redundado en el dominio de esa industria por muy pocos competidores que se convierten en imbatibles, y que protegen su privilegiada situación con la capacidad de adquirir toda aquella compañía que amenace con una nueva disrupción.

Una situación así, no exclusiva de los entornos tecnológicos, sitúa a la sociedad ante un problema importante: el secuestro de la capacidad de innovación por parte de unos pocos competidores cada vez más grandes y más eficientes, que por un lado son capaces de trasladar esa eficiencia en forma de mejores precios, pero por otro, cargan a la sociedad un importante coste en forma de utilización de mano de obra en condiciones deleznables en países que lo permiten, recurso a subsidios públicos para posibilitar unas condiciones de vida dignas de sus trabajadores en otros, o la desaparición masiva de competidores menos eficientes. El demócrata Bernie Sanders, de hecho, puso recientemente en marcha una iniciativa, la “Stop BEZOS Act“, para hacer que las grandes corporaciones compensasen al estado por el hecho de que una gran parte de sus trabajadores tuviesen que recurrir a programas de beneficencia para subsistir, lo que supone una manera inaceptable de traspasar recursos desde el estado hacia las compañías, y que provocó, entre otras cosas, que Amazon elevase el salario mínimo de sus trabajadores.

La búsqueda de la eficiencia a toda costa lleva, invariablemente, a ese tipo de paradojas, en absoluto exclusivas de las empresas tecnológicas: que las compañías la persigan intentando exprimir a unos trabajadores que tienen que recurrir al estado para equilibrar sus cuentas, mientras los beneficios de la compañía se elevan, pero sin corresponderse con un pago mayor de impuestos. Mientras, cualquiera que pretenda competir con esas compañías encuentra imposible hacerlo con sus mismas reglas al no tener esa eficiencia a su alcance, y si de alguna manera encuentra una forma de hacerlo mediante una propuesta diferente, termina siendo adquirida.

La única respuesta posible, según el artículo, está en la regulación. En el estudio exhaustivo de esas fuentes de eficiencia para poner coto a aquellas que redunden en que el estado – y por tanto, todos los ciudadanos – terminen, mediante la transferencia de sus recursos, cubriendo las carencias a las que determinadas empresas someten a sus trabajadores. Además, es preciso buscar la ruptura sistemática, utilizando unas leyes anti-monopolio fuertes, de aquellas compañías que alcancen una dimensión que les permita explotar esas eficiencias hasta niveles perniciosos.

Una idea, la de la eficiencia como enemiga de la innovación, sin duda contraintuitiva, pero con suficientes evidencias ya de que, en efecto, está generando una situación cada vez más desigual y menos sostenible.


Puedes leer el artículo completo en: : La tiranía de la eficiencia

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