La sociedad del espionaje permanente

La sociedad del espionaje permanente

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By Enrique Dans

Felipe Araujo, periodista freelance, me contactó para hablar acerca de la evolución de la sociedad de la vigilancia a partir de algunos artículos anteriores que escribí sobre el tema. Mantuvimos una conversación larga por teléfono, y acaba de publicar una pieza muy recomendable en Medium bajo el título Inside the city that spies on you.

Específicamente, Felipe estaba interesado en hablar sobre mi visión acerca de la evolución de la sociedad china, en la que este concepto de monitorización a escala total se ha implantado de una manera más representativa. Los que acusaban a los cronistas occidentales de tener una visión sesgada o tremendista hace tiempo que están muy callados: todo lo que se decía sobre la evolución de la sociedad china era cierto, o tendía incluso a minimizar su magnitud: las cámaras son ya prácticamente ubicuas y se sitúan no solo en zonas públicas, sino también en manos de la policía y en todo tipo de infraestructuras, están todas vinculadas con algoritmos de reconocimiento facial, y utilizan la información que capturan para mantener sistemas de calificación social que inciden en cuestiones como las posibilidades de un ciudadano para viajar o llevar a cabo determinadas acciones, como gastar de una forma considerada “irresponsable”.

Mis comentarios, sin embargo, fueron en otra dirección: en la de señalar que lo que podemos esperar de una sociedad no democrática como China no debería tener nada que ver con lo que esperamos de sociedades supuestamente democráticas en las que, sin embargo, las reglas tienden a estar mucho menos claras. En el caso del Reino Unido, otra sociedad con tintes cada ves más distópicos y orwellianos en ese sentido como el propio artículo describe, al menos hay una serie de organismos y normas establecidas a la hora de utilizar la información generada por los sistemas de vigilancia. En otras democracias occidentales, esas normas no existen o no están publicitadas, los sistemas de control brillan completamente por su ausencia, y la desprotección de los derechos de los ciudadanos es total y absoluta.

Si somos demócratas, somos demócratas, y deberíamos serlo con todas sus consecuencias. Si la tecnología permite monitorizar la actividad de los ciudadanos y decidimos hacerlo, deberemos dotar a los ciudadanos de un marco legal adecuado que permita centrar la vigilancia en aquellos que llevan a cabo actividades antisociales, delitos o terrorismo, posibilitando al mismo tiempo que no sean conculcados los derechos de los ciudadanos normales que llevan una vida perfectamente acorde con las reglas. El “no tengo nada que temer porque no tengo nada que ocultar“, decididamente, no funciona, y no puede ser una regla válida en democracia.

Si la disponibilidad y la ubicuidad de la tecnología nos lleva inevitablemente a la sociedad del espionaje permanente, eso es algo que, como sociedades democráticas, vamos a tener necesariamente que discutir y legislar. China no tiene que hacerlo, porque no necesita someter nada a discusión. Pero la última vez que miré, al menos, no vivía en China.

Puedes leer el artículo completo en: : La sociedad del espionaje permanente

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