La gran mentira de internet: he leído y entendido los términos de...

La gran mentira de internet: he leído y entendido los términos de servicio

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By Enrique Dans

Mi columna de la semana pasada en El Español, que quedó enterrada en medio del demencial paroxismo mediático, hablaba sobre los términos de servicio en internet, un tema sobre el que he hablado en algunas ocasiones, pero que en esta ocasión, bajo el título “Y entregarás a tu hijo primogénito…” revisitaba con ocasión de un interesante estudio experimental de dos profesores que pedían a sus 543 alumnos que abriesen una cuenta en una nueva red social, ficticia, controlando su comportamiento con respecto a los términos de servicio.

En dichos términos de servicio de la red social se encontraban cláusulas como la cesión total e incondicional de toda su información personal a la NSA, o la entrega de su hijo primogénito a la compañía. Sin embargo, la práctica totalidad de los estudiantes (el 98%) pasaron por alto estas cláusulas y procedieron a abrir sus cuentas en la supuesta red social. De los 543 estudiantes, 399 ni siquiera hicieron ademán de leer los términos de servicio. Los 141 que sí lo hicieron, dedicaron a su lectura entre los 51 y los 73 segundos, cuando el cálculo del tiempo necesario para leerlos y comprenderlos estaba en torno a los 45 minutos.

Aunque generalmente los estudios hechos por profesores que utilizan a sus propios alumnos suelen ser criticables y estar sujetos a todo tipo de limitaciones, en esta ocasión, el hallazgo del experimento dista mucho de ser sorprendente, y coincide perfectamente con la intuición de casi todos los que usamos internet: la inmensa mayoría, incluyendo a los usuarios con más experiencia en la red, nos comportaríamos más o menos igual y caeríamos en los mismos problemas.

Se mire como se mire, pretender que alguien dedique cuarenta y cinco minutos de su tiempo a leer y analizar un farragoso contrato escrito no en español ni en inglés, sino en “legalés” para poder probar un servicio determinado es algo que, sencillamente, no tiene ningún sentido. Internet ha pasado a ser una parte cada vez más significativa de la vida, y no vamos por la vida firmando largos contratos de términos de servicio cada vez que adquirimos un producto, que entramos en un local o que contratamos un servicio. Simplemente, seguimos tratando internet como si fuera una rareza, algo que exige su sujeción a complejos acuerdos legales, cuando en realidad es una parte más de nuestro día a día que no resulta en absoluto operativo tratar así. De alguna manera, internet parece excluido de los usos y costumbres que se extienden a la vida offline y que nos permiten movernos por ella con normalidad.

El problema, por supuesto, tiene dos caras. Por un lado, toda empresa que se arriesgue a no explicitar sus términos de servicio o a escribirlos en un lenguaje mínimamente accesible se encontrará con que, al dejar de lado la precisión del lenguaje jurídico, aparecen buitres dispuestos a llevarla a los tribunales por cualquier mínimo detalle que haya quedado poco claro o que permita alguna interpretación maliciosa. Por otro, surgen empresarios y personas sin escrúpulos dispuestos a esconder entre complejos términos de servicio cláusulas abusivas de todo tipo que les permiten eximirse de responsabilidad ante hipotéticos problemas, hacerse con datos o con derechos que no les corresponden, o plantear cuestiones que deberían ser implanteables por puro sentido común. De alguna manera, cuestiones que fuera de internet estarían siempre meridianamente claras en función de los usos y costumbres desarrollados durante muchos años, parecen sujetas en internet a todo tipo de arbitrariedades e incertidumbres.

¿Tiene que ser así? Los términos de servicio de iTunes, por ejemplo, contienen cincuenta y seis páginas escritas en términos jurídicos… ¿de verdad alguien pretende seriamente que los usuarios se las lean y analicen antes de comenzar a utilizar el servicio? Iniciativas como ToS;DR lanzadas en 2012, que pretendían crear un servicio que se leyese detenidamente y evaluase los términos de servicio para servir de guía a los usuarios, desaparecieron sin repercusión alguna, y los usuarios seguimos repitiendo todos los días rutinariamente la mentira más grande de internet: he leído y entendido los términos de servicio. ¿Tiene algún tipo de sentido que sea así? ¿No refleja esto una falta de normalización de lo que es, cada día más, el entorno normal en el que se desenvuelven cada vez más millones de personas?

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