La formación de los líderes del futuro
By Enrique Dans
La edición argentina de Forbes publicó el pasado octubre un artículo, titulado “Cómo entrenar hoy a los managers del futuro” (pdf) en el que cita varios comentarios míos, para el que me entrevistaron en mi despacho hace ya algunos meses, pero que no tenía permiso para publicar hasta ahora.
Hablamos sobre la necesidad de que los directivos entiendan el entorno en el que toman decisiones, incluyendo la interacción con máquinas y algoritmos y, sobre todo, sus posibilidades. Llevo años intentando que los directivos aprendan a programar, al menos hasta un cierto nivel básico, y por mucho que algunos titulares hablen de la posibilidad de que las máquinas se programen solas o puedan llevar a cabo las tareas más pesadas y rutinarias de la programación, sigo pensando que la enseñanza de la programación aporta al directivo mucho más que la posibilidad de llegar en algún momento a programar. Por otro lado, aunque resulte interesante introducir ese tipo de contenidos a día de hoy en la enseñanza directiva, resulta también evidente que en el futuro no será necesario debido a su introducción progresiva en entornos de educación cada vez más elementales.
Hablamos también sobre la importancia de adaptar la cultura de las compañías al entorno, y posibilitar que trabajar en ellas pueda ser visto como algo estimulante y motivador. La capacidad de atraer y retener talento siempre ha resultado fundamental para las compañías, y cada vez más, se evidencia una desconexión entre los valores – o falta de ellos – de muchas empresas, y los demandados por las generaciones más jóvenes, así como con las características de los entornos de trabajo que son capaces de generar. Culturas mucho más abiertas, en las que los elementos más importantes de la estrategia de la compañía son analizados e influenciados por las acciones de los empleados, y en las que son necesarios niveles de confianza mucho más elevados y condiciones más adecuadas para trabajar de manera independiente al tiempo y al espacio, facilitando elementos como la conciliación pero también las particularidades o preferencias de cada persona a la hora de enfrentarse a tareas productivas. Mala época para directivos amantes del control y la supervisión agobiante.
Finalmente, dedicamos un rato a hablar sobre la necesaria transformación digital de la formación, en busca de una variable dependiente que tenga más sentido que unas calificaciones que, en realidad, han demostrado carecer de correlación alguna con el desempeño profesional. La formación tiene necesariamente que pasar a reflejar el dinamismo del entorno y convertirse en algo cuya meta no es la obtención de un título, sino la necesidad de mantenerse actualizado en disciplinas que evolucionan constantemente. Además, volví a insistir en la importancia de las disciplinas humanísticas en la formación, fundamentales a la hora de entender muchas de las dimensiones e implicaciones del futuro y de la interfaz entre personas y tecnología.
Queda mucho por hacer… pero estamos en ello!
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