Kickstarter y el problema del crecimiento desordenado
By Enrique Dans
Un artículo en Hackaday sobre la plataforma de crowdfunding Kickstarter pone de manifiesto un problema que surgió en una de mis últimas discusiones de clase: la nula transparencia en el uso del distintivo “Staff pick”, que supuestamente designa aquellos proyectos que han sido especialmente inspeccionados y seleccionados por el equipo de la compañía y que tiene una importante influencia en el éxito de los proyectos que lo tienen (con distintivo, la probabilidad de éxito de un proyecto está en un 89%, mientras que sin él disminuye por debajo del 30%), pero que parece estar funcionando de una manera completamente arbitraria y fuera de todo control.
Según la propia información de Kickstarter, no existe una manera de solicitar el distintivo: se trata simplemente de una tarea que un equipo de personas con experiencia en todo tipo de proyectos creativos lleva a cabo de manera supuestamente espontánea: cuando encuentran proyectos que consideran excepcionales, tratan de darles una mayor difusión. Según la compañía, “así de simple”.
Una idea que, además, podría tener su lógica: la compañía tiene un evidente incentivo a la hora de tratar de popularizar sus proyectos, dado que su modelo de negocio consiste en cobrar una comisión del 5% sobre el importe total recaudado, más entre un 3% y un 5% adicional por el uso de su pasarela de pagos. Cuando consideramos los ingresos de la compañía, ya casi dos mil millones de dólares, parece claro que no hablamos de decisiones insignificantes.
Tenemos, por tanto, un elemento convertido en fundamental para el funcionamiento del sitio, tanto para quienes presentan proyectos y tratan de ofrecer financiación, como para la propia plataforma. Teóricamente, la única manera de conseguir el distintivo es “creando un proyecto muy bueno”. En la práctica, todo indica que el funcionamiento del sistema se ha pervertido, y que lo que reina es un sistema completamente arbitrario con pitches a empleados de la compañía, en las que no resulta muy difícil imaginar sistemas basados en contraprestaciones económicas. Existen incluso numerosos casos en los que los propios creadores de los proyectos se autoasignan el distintivo, aunque la propia Kickstarter oficialmente desaconseje esta práctica.
Resulta habitual que proyectos como Kickstarter evolucionen en función de las necesidades del mercado. Desde su creación en abril de 2009, Kickstarter no he dejado de evolucionar. Originalmente, la idea era construir un sitio para buscar financiación para proyectos de tipo creativo, tales como películas, cortometrajes, proyectos literarios, cómics y similares. De hecho, ese sesgo inicial condiciona aún los resultados de las diversas categorías de proyectos: film & vídeo, música y editorial son aún los epígrafes más exitosos, con bastante diferencia. Sin embargo, otras categorías han ido incrementando su popularidad, particularmente las relacionadas con la tecnología: un resultado bastante lógico si tenemos en cuenta que Kickstarter se percibe como una plataforma que lleva a cabo su actividad en un ámbito tecnológico, y que alcanza su mayor popularidad entre personas con un cierto nivel de uso de esa tecnología. Por otro lado, la tecnología es una categoría que cuenta con un importante número de canales de difusión y popularización, que mantienen con Kickstarter una relación simbiótica: utilizo el sitio para ver proyectos interesantes y tendencias que reseñar en mis páginas, y contribuyo a la popularización de esos mismos proyectos. Para muchos proyectos, de hecho, el éxito no es superar el objetivo de financiación planteado, sino ser capaz de utilizar Kickstarter como una plataforma para obtener visibilidad mediática. Si tu proyecto aparece en las principales páginas de tecnología, lo has conseguido, y el éxito vendrá de una manera u otra.
La idea inicial de que Kickstarter no es una tienda, sino una plataforma para el emprendimiento ha sido también puesta en entredicho ya en múltiples ocasiones, incluso por el proyecto líder hasta el momento, el smartwatch Pebble, que obtuvo más de veinte millones de dólares lanzando un nuevo modelo de reloj que podría perfectamente haber ofrecido mediante canales tradicionales. El conflicto de intereses, de nuevo, es evidente: ¿debería la compañía rechazar proyectos extremadamente exitosos, capaces de recaudar varios millones de dólares, debido a un juicio completamente relativo sobre si son suficientemente emprendedores o no? Si el éxito se define ya no tanto como dinero recaudado sino como obtención de difusión, el beneficio que obtienen unos y otros en esos casos es evidente, y los usuarios tampoco parecen tener quejas al respecto.
Nada hay de malo en tener la cintura suficiente para aprender del mercado a medida que defines tu actividad. De hecho, esa flexibilidad se interpreta inequívocamente como una característica positiva en los equipos de gestión, y más cuando la actividad tiene lugar en un entorno sujeto a cambios rápidos y constantes. Cuando una plataforma como Kickstarter se encuentra con que es capaz de ocupar el fantástico espacio entre los creadores de proyectos y las personas con interés por financiar esos proyectos, que el crecimiento se convierta en desordenado es casi parte del juego, una característica del entorno, o como diría un desarrollador, it’s not a bug, it’s a feature.
El peligro en ese caso, obviamente, es el terminar sin saber a qué atenerse, con un conjunto de reglas que constantemente se ponen en cuestión o terminan en el terreno de lo arbitrario. Gestionar una compañía en ese tipo de entornos se convierte en una tarea sumamente compleja, sujeta a retos muy distintos de los habituales. Cuando todo se mueve muy rápido a tu alrededor, resulta fundamental tener referencias claras que mantengan la esencia y los elementos fundamentales en el proyecto, pero sin hacer que eso nos lleve a ser excesivamente rígidos y perder oportunidades de crecimiento.
Kickstarter, presente ya en dieciocho países, cumple un papel fundamental a la hora de dinamizar el ecosistema emprendedor y la innovación, pero necesita urgentemente hacer un esfuerzo por reforzar la transparencia en su modelo de gestión si no quiere terminar siendo víctima de su propio éxito.
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