IE Tower: mucho más que un edificio alto

IE Tower: mucho más que un edificio alto

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By Enrique Dans

Día sin duda emocionante: la inauguración de IE Tower, uno de los campus verticales más altos del mundo y decididamente el sitio más alto en el que, en los treinta y un años que llevo en esta compañía, he podido ver el logotipo instalado de manera permanente.

La descripción del evento de inauguración, que fue francamente bonito desde la perspectiva de alguien como yo, la podéis leer en la nota de prensa (pdf) correspondiente, ver tweets sobre el evento o ver algunas fotos escogidas sobre los momentos interesantes de la ceremonia, pero dado que leéis esta página habitualmente y sabéis quién soy, no quería dejar de compartir mis sensaciones sobre un evento así.

Me es difícil enumerar los motivos por los que me gusta vivir esto: desde porque el edificio me recuerda al monolito de 2001: Odisea del Espacio, hasta porque me muero de ganas de dar alguna conferencia en ese auditorio enorme de seiscientas personas o en alguna de esas clases dobles redondas que me hacen sentir como un auténtico torero, pero sobre todo, por la magnífica sensación de ver un proyecto al que me integré con veinticinco años, después de haberlo conocido como alumno, que he ido viendo evolucionar de una manera increíble, y que lo ha hecho de la mano de una persona, Diego del Alcázar, con quien tengo una genuina relación de amistad y de admiración. Una institución que en su momento apostó por mí y que me permitió emprender una aventura, la de mi doctorado, que me aportó muchísimo y me cambió la vida, mientras fue, además, capaz de seguir haciendo que me encontrase como en casa en ella, me plantease retos y siguiese viendo oportunidades de aportar algo en ella. Ningún trabajo es perfecto y todos, por supuesto, tienen sus altos y bajos, pero considero mi relación con mi universidad enormemente positiva – y además, para las dos partes.

Cuando tienes la oportunidad de ver como ese fundador al que admiras sale a un escenario a presentar el proyecto de su vida, convertido ya en un inmenso monolito de treinta y cinco pisos, 180 metros, 50,000 metros cuadrados, 72 aulas, una piscina cubierta, una pista polideportiva y un auditorio para 600 personas, te das cuenta de lo que esa persona y su obra han influido en tu vida, pero más allá, de lo que ha influido en la vida de tantas y tantas personas. Treinta y un años después de haber empezado a dar clase aquí, puedo decir que cada día disfruto más de ello: el perfil de los alumnos es cada vez mas interesante, más diverso, más enriquecedor y más retador. Sigo encontrándome y manteniendo contacto con alumnos que valoran la educación que recibieron y que la han convertido en proyectos y en vidas profesionales interesantísimas, y sigo estando completamente convencido del efecto multiplicador de la educación. Treinta y un años no me han hecho más escéptico ni más descreído: me han hecho mucho más entusiasta y mucho más apasionado por lo que hago.

IE Tower es mucho más que un edificio alto. Es un sitio en el que van a pasar muchas cosas, por el que va a pasar mucha gente, y para mí, es ver el momento culminante – por el momento – del proyecto al que he dedicado mi vida profesional. En ese contexto personal, vivir la inauguración de IE Tower ha sido de verdad bonito y emocionante, y es algo que de verdad me apetecía compartir.

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