Hablemos de generación distribuida

Hablemos de generación distribuida

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By Enrique Dans

Esta mañana participé en una interesantísima iniciativa de Endesa, un hackathon en busca de talento innovador para la optimización del uso de la energía – que se une a un datathon organizado dentro del mismo programa, Energy Challenges – en el que tuve la ocasión de charlar un rato con Javier Uriarte, director general de comercialización de la compañía.

Hablamos sobre la generación distribuida, para mí el mayor reto al que se enfrentan las eléctricas tradicionales en este momento, y más en un país con las condiciones naturales de España, con la mayor cantidad de horas de sol de todo su entorno, y me gustó ver cómo posteriormente, durante su charla (que precedió a la mía), el propio Javier sacaba el tema.

El problema de la generación distribuida es, además de tecnológico, fundamentalmente financiero. Así lleva tiempo demostrándolo SolarCity en los Estados Unidos, una compañía fundada en el año 2006 por los hermanos Peter y Lyndon Rive siguiendo un concepto de su primo, Elon Musk, probablemente uno de los mayores genios empresariales de nuestros días. Una compañía cuyos productos son fundamentalmente la evaluación, el diseño, el montaje y – sobre todo – la financiación de equipos domésticos de generación de energía eléctrica mediante placas solares fotovoltaicas, que utiliza fórmulas como el leasing para que los propietarios de las viviendas puedan plantearse hacer frente a los costes de los equipos. La cuestión fundamental es plantearse el tiempo de amortización de la instalación y los flujos de caja que se definen cuando el hogar comienza a abastecerse de energía eléctrica autogenerada, a lo que se añade la posibilidad de devolver a la red aquella energía excendentaria que se genera cuando el consumo es menor o cuando la vivienda está vacía – un factor importante en España, con una cantidad elevada de segundas viviendas en zonas soleadas que permanecen vacías la mayor parte del año.

¿Hasta qué punto puede una compañía eléctrica plantearse el desarrollo de la generación distribuida? Lo que en un primer análisis puede parecer una falacia próxima al suicidio resulta serlo mucho menos si analizamos factores como la ley de Swanson, que permite afirmar que el precio de los módulos solares fotovoltaicos tiende a caer un 20% cada vez que se duplica su volumen de ventas acumulado, lo que supone en el momento actual que su coste desciende aproximadamente a la mitad cada diez años. En estas condiciones, y con la escala como factor fundamental, que el protagonismo de una tendencia disruptiva absolutamente inevitable lo tome una compañía tradicional es uno de esos casos de libro en los que una compañía aprende a reconocer la disrupción y decide, mediante la gestión adecuada, que puede hacerla jugar a su favor, y no en su contra. En este ejemplo en concreto, hablamos de la posibilidad de convertirse en auténtico protagonista de una tendencia que no solo es, como comentamos, inevitable, sino que además cuenta con una imagen enormemente positiva y con un impacto clarísimo en la balanza de pagos de un país con una dependencia energética a todas luces excesiva. Hablamos, en realidad, de combinar negocio con responsabilidad social corporativa, de poner tu dinero donde están tus palabras. Y en este caso, además, todo es una cuestión de plantear los números de la manera adecuada: que la misma compañía que me discute el precio del kilowatio hora, me proponga una operación financiera en la que convierte el techo de mi casa en un elemento de su red de generación.

Frente a la limitada visión de un gobierno que plantea impuestos al sol y que trata de evitar, con excusas insostenibles, que se desarrolle una tecnología que ha probado su valor en muchos otros países, ¿podríamos plantearnos la visión de una compañía que pretenda hacer de esto una oportunidad? ¿O tendremos que esperar a que SolarCity se lance a la expansión internacional, o a que surja una idea similar en nuestro país? Los costes de una red bidireccional son fundamentalmente una cuestión de escala, y las espadas están en alto. La mejor innovación es la que se plantea horizontes ambiciosos, la que de verdad intenta cambiar el mundo. Y en el mundo que viene, la energía es abundante y barata.

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