Google, casi un cuarto de siglo después: ¿había otro camino?

Google, casi un cuarto de siglo después: ¿había otro camino?

0

By Enrique Dans

Cada vez son más las personas que se preguntan si existen alternativas razonables a algunos de los productos de Google más extendidos, como la búsqueda o el correo electrónico. Y para alguien que lleva más de veinticinco años siguiendo la estrategia de la compañía, resulta verdaderamente llamativo que, teniendo una ventaja competitiva como la que Google tenía cuando inició su andadura, sus productos no solo no se hayan convertido en lo mejor de lo mejor a medida que pasaba el tiempo, sino que incluso, para muchos, se hayan deteriorado en sus prestaciones.

Pensémoslo: cuando comenzamos a utilizar Google como buscador, sus resultados eran, sin ningún lugar a dudas, muchísimo mejores que ahora. Los caminos elegidos por Google en su estrategia, sobre todo el de la creciente personalización y el de la financiación de su modelo de negocio mediante la publicidad, se han convertido, a medida que pasaba el tiempo, en algo que se interpone entre el usuario y su interés por obtener unos resultados de búsqueda neutrales, o un programa de correo que no se dedique a ponerle molestos anuncios estúpidos de anunciantes engañados que pagan por unas impresiones en las que nadie hace clic jamás.

¿Podría haberse hecho mejor? A estas alturas de película, todo indica que la decisión de Google, en 2003, de crear un modelo de negocio basado en la publicidad ha sido un absoluto fracaso para sus usuarios. Posiblemente no lo haya sido para sus accionistas, que habrán ganado mucho dinero gracias a ello, pero ¿no había alternativas? ¿Qué habría ocurrido, por ejemplo, si Google hubiese perseguido en su momento, cuando sus resultados eran claramente superiores a todo el resto de motores de búsqueda, un camino orientado hacia el pago por suscripción? ¿Habríamos pagado, en su momento, por el derecho a utilizar Google sin anuncios? En mi caso, tengo claro que sí, pero obviamente, no tengo por qué ser en absoluto representativo con respecto al mercado en general. Al principio, los resultados de Google probaron ser claramente mejores que los de sus competidores – y de ahí su rapidísima popularización – pero, por otro lado hablábamos de una web en la que el concepto de servicios de pago, o los mismos medios para hacerlo, estaban aún muy poco popularizados. ¿Podría Google, con su masa crítica y su influencia sobre el mercado, haber creado una tendencia hacia los servicios de pago en lugar de haberse lanzado a la carrera de ocupar cada vez más espacio de su página con publicidad?

Por otro lado… ¿a quién satisface la publicidad en Google? ¿Alguien con un mínimo de expertise en el uso de la red hace clic en esa basura? ¿Hasta qué punto se mantiene Google gracias a los ignorantes que no saben diferenciar un resultado natural de un esponsorizado? ¿Alguien ha hecho clic alguna vez en uno de los anuncios que aparecen encima de sus correos electrónicos en las pestañas de Social o de Promociones de su Gmail? Tras muchos años de utilizar Gmail – literalmente desde que se lanzó al público el 1 de abril de 2004 – siento cada día más tentaciones de abandonarlo y pasarme a algún otro servicio de correo, aunque solo sea por la molestia que supone cerrar los malditos mensajes publicitarios de empresas en las que jamás he hecho ni haría clic. Pero Google sigue engañando a suficientes compañías para que sigan pagando por esas impresiones, y por tanto, sigue pudiendo presentar unos resultados razonablemente buenos, a pesar de que, desde mi punto de vista, solo se dedica a molestarme y a estropear un producto bueno por el que estaría perfectamente dispuesto a pagar si me eliminasen la publicidad.

Con la búsqueda, estamos en lo mismo. Para el común de los usuarios, al que no le preocupa en absoluto el sesgo de sus resultados, las búsquedas de Google puede que sigan siendo razonablemente buenas. Pero para muchos, las páginas de resultados son cada vez más un infierno lleno de resultados esponsorizados, de productos de la propia Google, y de sesgos que reflejan mis búsquedas anteriores, aunque en casi todos los casos que se me ocurren, siento que estaría mejor sin ese nivel adicional de personalización. Eso hace que termine, en muchos casos, recurriendo a búsquedas en DuckDuckGo, que de hecho, es el buscador que tengo configurado en mi navegador por defecto, aunque sean muchas veces inferiores en calidad; en alternativas como You.com o Brave Search; o bien acudiendo a Startpage o abriendo un navegador en el que no esté logado para obtener resultados en condiciones, sin adulterar con lo que Google cree, por la razón que sea, que me interesa. Sinceramente, añoro enormemente la Google de los «ten blue links», sin más, y si pudiera pagar por volver a ella, porque me dejasen en paz sin intentos nefastos de personalización y sin publicidad, sin duda lo haría.

Con Gmail, lo mismo. Indudablemente, Gmail ha mejorado mucho lo que eran los correos electrónicos gratuitos (o no) que había antes de que apareciese, pero cada día más, tengo tentaciones de cerrar mi cuenta y empezar a usar el correo de Apple, el de Proton Mail, o algún otro, con el fin de evitarme los estúpidos y completamente inútiles anuncios con los que Gmail se dedica a molestarme constantemente.

¿Por qué tuvo Google que evolucionar como evolucionó? Con respecto al punto de partida, y teniendo en cuenta el tiempo que ha pasado, no me parece que los productos de Google hayan mejorado demasiado, y sí se me ocurren muchas otras maneras de haberlo hecho sensiblemente mejor. De ser una compañía que en su momento admiraba, es ahora una que me resulta, como mucho, un mal necesario, cuando no un monopolio predatorio, una fuente de molestias, o un paradigma de mal management.

La pregunta es clara: ¿había otro camino para convertir en negocio la idea original que Larry Page y Sergey Brin lanzaron en su momento? ¿No podrían haberlo hecho mejor?

Puedes leer el artículo completo en: : Google, casi un cuarto de siglo después: ¿había otro camino?

COMENTARIOS

Leave a Reply