Futuro y baterías cargadas

Futuro y baterías cargadas

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By Enrique Dans

La Gigafactory de Tesla sigue su progresión para convertirse en el mayor edificio cubierto jamás construido y, con permiso de la compañía china BYD, en la mayor fábrica de baterías del mundo, en lo que se ha convertido en la gran batalla de cara al control de una de las tecnologías más importantes de cara al futuro. La joint venture de Tesla con Panasonic le permite convertirse en uno de los jugadores más relevantes, con más proyección y con mayor capacidad de expansión en un mercado cada vez más dinámico y disputado, y que va mucho más allá de la industria de la automoción, configurando una de las industrias clave en la transición hacia un mundo alimentado por energías limpias.

Mientras Europa y su industria se arrojan en brazos de los chinos para intentar desarrollar algo de capacidad de fabricación de baterías en su territorio, y los distintos países cortejan a Elon Musk para conseguir hacerse con otra de sus gigafactorías, las evidencias de la idoneidad de la tecnología de iones de litio como solución a los problemas que plantea el suministro eléctrico a partir de fuentes renovables se van sucediendo, y los supuestos problemas planteados por los agoreros con respecto a la escasez de este material se van resolviendo mediante nuevos desarrollos que posibilitan un mayor nivel de reciclaje: la gran diferencia que convierte en incomparables las baterías eléctricas y los combustibles fósiles es que no tenemos que quemar – ni que eventualmente respirar – ninguno de sus componentes químicos.

Pero a medida que los automóviles van incrementando su autonomía y anunciando el fin de las emisiones derivadas del transporte, además, todo parece demostrar que hablamos de una tecnología que, a medida que pasa el tiempo, demuestra limitaciones cada vez menores: tenemos ya automóviles Tesla con más de diez años en circulación y cientos de miles de kilómetros, y la degradación de sus baterías es muchísimo menor de lo que los críticos de la tecnología del vehículo eléctrico presagiaban. En Australia, la enorme estación de baterías que Tesla construyó para balancear la red de suministro ha conseguido ahorros que la sitúan en camino de amortizar un tercio de su coste durante su primer año de operación.

No cabe duda: las baterías definen una de las industrias que más importancia van a tener en el futuro del planeta, y quien domine su fabricación ocupará un lugar privilegiado en muchos sentidos, en una amplia variedad de industrias que van desde la automoción hasta el equipamiento del hogar, pasando por la manufactura o la generación eléctrica. Hace nada menos que doce años, cuando describió la estrategia de su compañía en forma de supuesto “master plan secreto”, Elon Musk no habló solo de fabricar automóviles progresivamente más accesibles, sino que incluyó un tercer punto, descrito como “mientras hacemos lo anterior, también proporcionaremos opciones de generación de energía eléctrica con cero emisiones”, un punto que muchos, ante la vistosidad y prestaciones de los automóviles de la compañía, simplemente obviaron.

Doce años después y con la compañía ya en números negros, resulta que aquel pequeño punto era, en realidad, la clave de su estrategia: los problemas que analistas supuestamente privilegiados como Bob Lutz tenían a la hora de entender su hoja de ruta estaban perfectamente justificados, porque Tesla, simplemente, no es una empresa de automóviles, sino una empresa de baterías. En lugar de imaginarnos a Tesla como un fabricante de automóviles que compite con otros fabricantes de automóviles en el entorno del transporte de personas o mercancías, imaginemos sus vehículos como simples consumidores de su producto principal, unas baterías que, además, se venden para enormes plantas acumuladoras, para hogares y para todo tipo de instalación eléctrica con cierta dimensión. Ese mercado, en el futuro, será mucho más importante que una automoción que, en su evolución desde producto hasta servicio, demandará menos unidades y librará al mundo de un exceso de vehículos particulares que suponen importantísimos problemas de atascos y de calidad del aire en ciudades de todo el mundo.

Vayan rehaciendo sus modelos y sus hojas de cálculo: quien quiera interpretar a Tesla en clave de automoción se equivocará, porque los planes de la compañía son completamente diferentes. Y mucho más ambiciosos.

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