El valor de preservar tus recuerdos

El valor de preservar tus recuerdos

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By Enrique Dans

Las noticias sobre la preservación de los mensajes directos de Twitter a lo largo de los años, incluso de aquellos que supuestamente habían sido borrados por los usuarios me han llamado profundamente la atención, pero no por las razones esperadas. Contrariamente a lo que implica la interpretación predominante, a mí no solo me parece perfecto que Twitter preserve mis mensajes directos y poder acceder sin ningún problema a revisar conversaciones que mantuve hace muchos años, sino que incluso me parecería fatal encontrarme con que esos mensajes hubiesen desaparecido sin previo aviso.

¿Infringe Twitter la ley por mantener en sus archivos los mensajes de los usuarios? Posiblemente pueda plantearse algo con respecto a mensajes que los usuarios eliminaron, o en cuentas que fueron cerradas, suspendidas o desactivadas (en las que la propia Twitter dice que son borradas tras un período de gracia de 30 días), pero no veo absolutamente ningún problema con el hecho de que Twitter mantenga a mi alcance los mensajes directos que intercambié con alguien en el año 2007. Es más, vería algún problema si me encontrase de repente y sin esperarlo con que han desaparecido.

Pero más allá del caso de Twitter, me resulta interesante pensar que mi actitud con respecto a prácticamente todo lo digital es la de un completo Diógenes digital: desde hace muchísimos años lo guardo todo. Mantengo almacenados desde archivos PST de la lejanísima era en la que utilizaba Outlook para mi correo, hasta todo el archivo de Gmail desde prácticamente el primer correo que envié en abril de 2004, pasando por todas las citas de mi agenda desde agosto de 2006, y la práctica totalidad del contenido que he ido publicando en todos aquellos sitios que a lo largo del tiempo no han desaparecido. El motivo va mucho más allá de una razón práctica: encuentro que me gusta poder revisar material antiguo, algo que forma parte de mí, que en su momento pudo significar algo o servir para algo. Desde hace muchísimo tiempo asumí que una regla fundamental del mundo digital era que los costes de almacenamiento descendían de manera muy rápida, y que ello hacía que pudiese plantearme preservar todos mis recuerdos, disponer de un trastero prácticamente ilimitado.

Por esa misma razón, manifiesto una preferencia nula hacia los medios efímeros, hacia la fugacidad, hacia la internet del olvido. Como sabrán aquellos que me siguen en redes sociales, nunca he utilizado, más allá de una simple prueba, herramientas muy difundidas como las Stories de Instagram o Snapchat: no solo no veo ninguna ventaja y no me gusta que se pierdan poco después, sino que además, considero una mala inversión de mi tiempo poner algo de trabajo, aunque sea simplemente el hacer una fotografía o escribir un mínimo texto, en algo que va a desaparecer sin remedio. Posiblemente eso quiera decir que me pierdo algo en términos de popularidad o de impacto a través de esos canales de comunicación, pero es una elección personal y plenamente consciente. La idea de que algo va a ser borrado, cuando costaría tan poco preservarlo, me resulta molesta.

No tengo ni idea de cuántas personas experimentan un síndrome similar, y dada la popularidad de algunas herramientas con esas características, imagino que no demasiadas. Posiblemente, dado el cierto componente generacional implicado en la popularidad de ese tipo de herramientas, mi sesgo negativo hacia ellas tendrá que ver con mi edad, con el hecho de hacerme viejo, pero sinceramente, me daría muchísima pena que una parte de mi vida hubiese desaparecido sin más, como parte del funcionamiento de las herramientas que utilizaba.

¿Qué relación tenéis con vuestros recuerdos digitales? ¿Cuál es el valor real de preservar nuestros recuerdos?


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