El transporte en las ciudades y la tarifa plana

El transporte en las ciudades y la tarifa plana

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By Enrique Dans

Uber experimenta con un servicio de tarifa plana en Manhattan: por doscientos dólares, transporte ilimitado durante un mes en el servicio Uber Pool de la compañía. El precio, obviamente, no pretende disuadir a quienes habitualmente optan por el transporte público, sino a quienes típicamente se desplazan en una combinación de taxi y vehículo propio, que pueden encontrar esa cantidad disuasoria frente a la opción de pagar combustible, aparcamiento y taxis ocasionales.

Previamente, la compañía había experimentado, también en Manhattan, con otro tipo de tarifas planas asociadas a desplazamientos individuales, uniformizando en cinco dólares el precio de cada viaje durante las horas punta, y vinculándolo igualmente con su servicio Uber Pool, en el que varias personas comparten desplazamiento y se desplazan a confluencias de determinadas calles para que el transporte mantenga una ruta eficiente, una experiencia que se consideró exitosa.

En paralelo y en la costa contraria, en San Francisco, Google experimenta con servicios similares compartidos mediante Waze Rider, que permite que una persona que iba a llevar a cabo un desplazamiento pueda localizar a otros pasajeros y compartir con ellos el viaje mediante una tarifa previamente fijada, $0.54 por milla, no pensada para que obtenga un beneficio, sino para que comparta el coste.

La tarifa plana es uno de los esquemas de precio que más me han intrigado a lo largo de los años. Cuando una persona decide pagar un precio determinado a cambio de un derecho de uso ilimitado, surge un efecto psicológico que tiende a intentar plantear un aprovechamiento lo más eficiente posible de dicho servicio, con el fin de sentir que el pago ha merecido la pena. Así, una persona que paga por Amazon Premium pasa a desplazar una cantidad importante de sus compras a Amazon, porque así percibe que ese dinero pagado en concepto de logística se diluye entre un mayor número de envíos, y siente que ha tomado una opción inteligente (en el caso de los Estados Unidos, eso se une al incentivo que suponen los derechos de consumo ilimitado de otros artículos, como música, series de televisión o libros).

¿Cómo pueden afectar los modelos de tarifa plana a los patrones de desplazamiento dentro de las ciudades? Si trasladamos ese efecto de incentivo del consumo, podríamos imaginar cómo una persona que ha pagado la tarifa plana de Uber Pool deja automáticamente de tratar de encontrar taxi, se retira de ese mercado de manera casi total, y pasa a consumir casi exclusivamente el producto de la compañía en sus desplazamientos por la ciudad, sobre todo si estos son lo suficientemente habituales y si la oferta del producto no conlleva esperas adicionales o una experiencia sensiblemente inferior, como parece ser el caso. Ante una oferta de ese tipo, un auténtico golpe de mano competitivo, los taxis tendrían muy complicado reaccionar, dado que no existe una forma sencilla de coordinar sus intereses para ofrecer un servicio comparable. Del mismo modo, cabe pensar que, en aquellas ciudades donde existe competencia en ese tipo de servicios (Uber frente a Lyft en Nueva York, Cabify frente a Uber en Madrid, etc.), un usuario que pague por la tarifa plana de uno de esos servicios deje de considerar automáticamente a sus competidores, generando un mercado sesgado que podría dar una cierta ventaja al pionero.

El modelo de tarifa plana lleva ya muchos años existiendo en muchas ciudades, asociado con el transporte público. El abono transportes existente en muchas ciudades funciona como un eficiente disuasorio del uso del vehículo particular, aunque no cubre la totalidad de la demanda. ¿Podrían convertirse las tarifas planas asociadas a otro tipo de servicios de transporte en igualmente disuasorias? El efecto de sustituir desplazamientos en vehículos particulares por otros efectuados en vehículos que circulan con una tasa de ocupación más eficiente parece indudablemente positivo, al tiempo que ofrece una versatilidad y una capilaridad mayor que la que ofrece el transporte público. Si unimos a ese efecto la disponibilidad de opciones para desplazamientos desde la periferia de las ciudades, como el representado por Waze Rider, podríamos estar hablando de una importante disminución del número de desplazamientos diarios en ineficientes vehículos particulares y, por tanto, un tráfico sensiblemente menos congestionado y unas ciudades más eficientes.

¿Podría terminar el transporte en las ciudades sometido a un modelo predominante de tarifa plana?

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