El metaverso y sus posibilidades

El metaverso y sus posibilidades

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By Enrique Dans

Alejandro González Luna, de Cinco Días – El País, me llamó hace unos días para hablar sobre el desarrollo del metaverso, al hilo de algunas declaraciones de Mark Zuckerberg en una entrevista en The Verge en las que comentó que lo veía como una de las áreas de desarrollo de su compañía, que dejaría de ser una empresa de redes sociales para convertirse en una empresa de metaverso, e incluyó algunos de mis comentarios en su artículo titulado «Una economía virtual en 3D asoma en el horizonte» (pdf).

Con el desarrollo del metaverso, término utilizado típicamente para describir el concepto de una iteración futura de Internet compuesta por espacios virtuales tridimensionales compartidos y persistentes vinculados a un universo virtual percibido, me pasa como con muchas otras ideas provenientes de Facebook: me parece un concepto interesante y digno de ser explorado, salvo por el detalle de que quien pueda estar detrás de su creación sea la empresa de Mark Zuckerberg. ¿Vale la pena explorar el desarrollo de actividades que puedan ir desde la interacción con otras personas, el juego, las reuniones, etc. en un entorno virtual persistente? Sin duda, y el concepto, obviamente, no es nuevo: en su momento tuvo su cierto desarrollo con Second Life, entorno en el que llegué incluso a dar una conferencia allá por el año 2007, y podemos asimilarlo también, sobre todo en función de la interfaz utilizada, a entornos como Fortnite o Roblox en los que un jugador puede pasarse horas, jugar, asistir a un concierto e interactuar con otras personas.

¿Es interesante el metaverso como algo más que una idea lúdica? Sí, pero siempre que detrás de él no esté una compañía dispuesta, sin ninguna duda, a acechar todo lo que haces y vender todas tus actividades y comportamientos. Si la actividad de Facebook ya me ha impulsado personalmente no solo a abandonar su uso, sino a desinstalar su aplicación de mi smartphone y a entrar tan solo un par de veces al día para publicar mis artículos, la idea de entrar en un entorno gestionado por esa misma compañía para desarrollar otras actividades en un entorno virtual inmersivo me resulta simplemente repulsiva, y me lleva a pensar, como otros han dicho ya, que el metaverso no funcionará si está dominado por una sola compañía (y menos aún si es esa).

El lanzamiento de Workrooms, un primer intento de interfaz virtual para mantener reuniones de trabajo llevado a cabo por Facebook, me reafirma en mis impresiones. Por el momento, la perspectiva de convertirme en un avatar e interactuar con mis compañeros de trabajo en una sala de reuniones virtual para mantener una reunión me parece simplemente ridícula, y está lejos de aportarme nada que haga que pueda valer la pena con respecto a una reunión en una simple videoconferencia, más que complicaciones y situaciones absurdas. No veo que los posibles factores positivos justifiquen su uso, ni siquiera que existan como tales, y menos aún que justifiquen, como ocurre con otra creación de Facebook, Workplace, el hecho de desarrollar esas posibles interacciones en un escenario creado por la empresa más fisgona, predatoria y carente de ética que ha visto el mundo de la tecnología en muchos años. ¿Es posible que, como ocurre con la ubicua red social creada por la compañía, un entorno así llegue a funcionar? Posiblemente, pero como analista, decididamente no apuesto por ello, y tampoco me gustaría personalmente que así fuera.

En cualquier caso, un metaverso creado en base a estándares abiertos, con múltiples compañías ofreciendo servicios y posibilidades en él, y con un desarrollo de software y hardware que permita la interacción de los usuarios, y en la que se aleje la idea de que una compañía me monitorice constantemente con la única intención de tratar de venderme cosas sí me puede llegar a parecer una posibilidad digna de ser explorada. Básicamente, las preguntas sobre el metaverso son exactamente las mismas que nos hacíamos en 2007, solo que ahora, además, añadiendo la complejidad de que uno de los actores que primero se mueven en ese sentido es, seguramente, uno de los menos apetecibles y con más posibles efectos secundarios perniciosos que podríamos imaginar. Así que ya veremos qué nos trae el futuro…

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