Contextualizando los seguros
By Enrique Dans
Una startup aseguradora norteamericana, Root, lanza un seguro de automóvil específicamente diseñado para propietarios de vehículos Tesla, que reduce el precio de la póliza cuanto más tiempo pasa el vehículo circulando en modo autónomo, asumiendo que el modo autónomo es mucho más seguro que la conducción manual. Así, si una persona pasa bastante tiempo habitualmente conduciendo en autopista o en condiciones en las que puede activar el modo autónomo, verá la factura de su seguro reducida.
La idea parte de la base de que un vehículo es cada vez más una plataforma conectada, de la que podemos obtener un flujo constante de información. Para acceder a una póliza en Root, que cuenta con precios sensiblemente reducidos con respecto a sus competidores, un usuario debe descargarse una app que permite a la compañía acceder a datos del GPS y de los acelerómetros y giroscopios del smartphone, lo que posibilita, con el tratamiento adecuado, evaluar las características de la conducción. Tras unas dos o tres semanas conduciendo con la app, tiempo suficiente según la compañía para que las personas muestren sus hábitos reales de conducción, el algoritmo tiene una imagen del usuario que incluye desde tiempo de uso del vehículo, hasta cuestiones como si cambia excesivamente de carril, las velocidades a las que circula, si respeta o no las señales de tráfico, o si consulta el dispositivo mientras conduce. Tras ese período, la compañía afirma no continuar con la monitorización. Los conductores reciben un informe sobre su conducción que rechaza a un 30% de los solicitantes y que permite a la aseguradora reducir sus precios, al aceptar únicamente lo que considera buenos conductores e incrementar con ello la calidad media de su parque, lo que supone una tasa de siniestralidad total más reducida.
La compañía no ha contactado aun con Tesla, pero cree que incluso sin recurrir a los datos del vehículo, sus algoritmos pueden deducir en qué momentos está circulado en modo autónomo. La pretensión del fundador es llegar a algún tipo de acuerdo con la compañía que permita utilizar los datos de conducción generados por la consola del propio vehículo, lo que permitiría una precisión aún mayor. Aunque Tesla aún no se ha pronunciado al respecto, se ha mostrado abierta a evaluar posibilidades para que las aseguradoras entiendan el plus de seguridad que supone para los conductores el uso de su Autopilot. Igualmente, la compañía se ha mostrado abierta a la posibilidad de compartir los datos generados por sus vehículos con agencias gubernamentales o con otras compañías, y nada parece indicar que pudiese oponerse a que un propietario, de manera voluntaria, decidiese compartir los datos que genera su conducción, con el fin de acceder a una póliza más barata.
Por otro lado, la propia Tesla parece estar avanzando en la idea de incluir el seguro de accidentes y el mantenimiento como parte de un paquete a medida ofrecido a sus clientes. La iniciativa comenzó en el mercado asiático, donde ya la mayoría de los vehículos vendidos por la marca incluyen este paquete opcional. El propósito de Tesla es buscar la manera de que las aseguradoras entiendan que sus vehículos son mucho más seguros que los de otros fabricantes, y que, consecuentemente, la póliza aplicada puede ser sensiblemente más competitiva. Por el momento, la compañía trabaja en este producto con competidores dentro de la propia industria aseguradora, pero no ha descartado integrarse ella misma como aseguradora si no es capaz de obtener precios adecuados para lo que considera su menor nivel de riesgo.
La idea de asegurar algo en función de los datos que podemos obtener en un mundo hiperconectado no es completamente nueva: desde hace muchos años, muchas compañías aseguradoras aceptan reducir sus precios si reducimos el riesgo mediante un tecnología, como ocurre con vehículos nuevos cuando instalan, por ejemplo, dispositivos de localización. Sin embargo, a medida que la internet de las cosas se convierte en una realidad, las posibilidades aumentan sensiblemente, e invaden cuestiones que pueden resultar complejas: ¿deberíamos reducir el importe del seguro de via a una persona de la que sabemos que lleva una vida saludable gracias a la pulsera que monitoriza su actividad? ¿Reducir el coste de un seguro de vivienda si los dispositivos conectados que tienen permiten conocer determinadas circunstancias, como alertar de manera temprana de posibles problemas como una inundación o un incendio? Algunas pólizas de seguro del hogar, de hecho, ya reducen su precio si el propietario posee una alarma instalada en la vivienda, incluso teniendo en cuenta las prestaciones de la misma.
La idea de reducir el precio del seguro de un automóvil si los datos que obtenemos del mismo muestran una conducción segura tiene sentido, pero también lo podría tener el adoptar una granularidad mayor aún: si utilizar el vehículo en modo autónomo reduce el riesgo y consecuentemente el precio, ¿por qué no pagar seguro únicamente cuando el vehículo está en uso, o cuando está aparcado en la calle, pero no cuando lo está tranquilamente aparcado en el garaje de nuestra casa? La idea de seguros sensibles al contexto tiene, en principio, todo el sentido, y podría generar posibilidades competitivas muy interesantes.
¿Cuánto tardaremos en ver este tipo de planteamientos en la industria aseguradora?
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