Bild y la infinita arrogancia

Bild y la infinita arrogancia

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By Enrique Dans

El tabloide alemán Bild toma la decisión de bloquear el acceso a sus contenidos a todo aquel que tenga instalado un bloqueador de publicidad, al que pasa a saludar con una página en la que le conmina a desactivarlo o a hacerse socio.

La navegación en Bild es sencillamente insoportable: no es que viva de la publicidad, es que se dedica a martirizar alevosamente con ella a todo aquel que se asoma a sus páginas. Los anuncios surgen de manera incesante por los laterales, en los fondos, en formatos de todo tipo, en intersticiales o incluso, en algunos casos, en modo pop-up, un formato que muchos creían muerto. Leer Bild es como tener una pareja con tendencias sádicas: te puede gustar el contenido, pero tienes que aceptar leerlo mientras te pegan cada poco tiempo con un látigo.

No hace falta decirlo: el editor puede hacer con su contenido lo que quiera y prohibir la entrada a quien le venga en gana. Pero plantar una prohibición en la puerta con un mensaje grandiloceunte diciendo que “vivimos de esto, y sin publicidad no podríamos pagar a nuestros más de quinientos periodistas” supone una afirmación clara y evidente: no hemos entendido nada. Una cosa es tener un modelo de negocio, y otra faltar permanentemente al respeto a tus usuarios y creerte en el derecho de martirizarlos mientras consumen tu contenido.

Simplemente, hubo algo que se perdió en el sentido común de algunas empresas editoriales cuando pasaron del papel a la pantalla: en el papel, la publicidad, por una limitación técnica derivada del soporte, se estaba quietecita en el lugar en el que estaba impresa. Nunca vimos, en el papel, un anuncio que se desplegase por encima del contenido impidiéndonos leerlo, que nos molestase y nos provocase estrabismo crónico moviéndose sin parar, y mucho menos que nos gritase. Sin embargo, por alguna razón difícil de comprender, todo eso, que sonaba completamente absurdo, pasó a ser aparentemente lícito en cuanto la tecnología lo permitió. En lugar de utilizar la tecnología para acercar al anunciante a su posible público, nos dedicamos a utilizarla para una especie de guerra en la que si no molestábamos lo suficiente, teníamos la impresión de que nuestra publicidad no funcionaba. Y ahora, cuando esos usuarios, con toda la lógica del mundo, reaccionan bloqueando aquello que les molestaba, nos negamos a cambiar nuestros formatos, les decimos que “es lo que hay”, y que o aceptan esas molestias, o se pueden ir a leer a otro sitio. Alguien está profundamente equivocado aquí, y estoy seguro de que no son precisamente los usuarios.

Si quieres que tus usuarios desactiven sus bloqueadores de publicidad, reconoce tus (muchísimos) errores, haz voto de arrepentimiento, y promételes que acceder a tus contenidos no volverá a convertirse en un infumable castigo. Asegúrales que no les martirizarás más, que no les obligarás a descargarse decenas de trackers de todo tipo, que no meterás diez (o más) veces más bits inútiles que no quieren ver por cada bit que sí querían ver. Si quieres vivir de la publicidad, haz un compromiso firme e inequívoco por la buena publicidad. Si quieres pagar los sueldos de tus empleados, gestiona tu negocio como es debido y no insultes la inteligencia ni pongas a prueba el aguante de tus usuarios. Lo demás, es no haber entendido nada.

Tras mucho tiempo castigando a sus usuarios con formatos infumables e insoportables, ahora Bild pretende convertirse en el adalid de algún tipo de “orgullo de editor” mediante esta “página de la vergüenza” en la que afea a los usuarios su conducta. Vergüenza es la que debería tener Bild, cuando precisamente ha sido su conducta y la de muchas otras publicaciones la que he llevado a que esos usuarios tuviesen que instalarse el bloqueador de publicidad para poder resistir aproximarse a sus páginas. Bild no es una “víctima inocente” ni un “daño colateral”, sino precisamente una de las razones por la que muchos usuarios alemanes decidieron instalarse un bloqueador de publicidad. No, Axel Springer, así no: te equivocas de parte a parte en tu análisis del problema, niegas toda asunción de responsabilidades, y solo contribuyes a escalar esta guerra. Lo único que merece tu arrogancia, en realidad, es que tus usuarios te den definitivamente la espalda y se vayan a leer a otro sitio.

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