Amazon se va al cine

Amazon se va al cine

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By Enrique Dans

Las acciones de la cadena de salas de cine más grande de los Estados Unidos y del mundo, AMC, que estaban pasando por sus horas más bajas debido a las medidas de confinamiento derivadas de la pandemia, experimentan un incremento del 30% tras la revelación de unas supuestas conversaciones con Amazon de cara a una posible adquisición de la compañía.

La salud financiera de AMC, con una deuda acumulada de 4,900 millones de dólares, estaba en entredicho, y varios analistas afirmaban que su quiebra era simplemente una cuestión de tiempo, lo que situaría a Amazon prácticamente en la situación de caballero blanco dispuesto a salvar la compañía. La baja valoración actual de AMC, por debajo de los 500 millones de dólares, permite todo tipo de especulaciones en comparación con operaciones anteriores recientes como la adquisición de Whole Foods, situada en torno a los 13,700 millones, en junio de 2017.

Por el momento, todo son especulaciones. Pero ¿qué interés podría tener Amazon en la adquisición de la cadena de cines más grande del mundo? En primer lugar, la más obvia se deriva del hecho de que Amazon es ya una gran productora de contenidos, Prime Video, y que hacerse con un canal en el que poder gestionar su exhibición puede tener una propuesta de valor interesante. Hasta hace pocos meses, las normas antimonopolio de los Estados Unidos impedían que los estudios adquiriesen cadenas de cines para evitar que un solo actor tuviese el control de toda la cadena de valor, pero precisamente en noviembre de 2019, el Departamento de Justicia anunció que la norma, que llevaba en vigor desde los años ’40, sería revisada debido a la cada vez mayor complejidad y presencia de nuevos actores en la industria, como las compañías de streaming.

Es importante tener en cuenta que los contenidos creados por compañías como Amazon o Netflix, por ejemplo, sufren restricciones a la hora de competir en premios y certámenes como los Oscars cuando no han sido emitidos en salas de cine, restricciones que podrían eliminarse fácilmente si la propia compañía controla ese canal. Además, también podría funcionar como un incentivo para la atracción de talento creativo en la industria, en modo «firma conmigo y podrás emitir tu contenido primero en mis salas de cine, y después en Prime Video».

El interés por los canales físicos, por otro lado, no es una novedad para un dominador del canal digital como Amazon, que ya ha hecho incursiones en la distribución con hasta siete tipos de tiendas diferentes. Las cadenas de cine, además, podrían utilizarse para atraer más usuarios a su modelo de suscripción Amazon Prime, probablemente uno de los negocios más rentables de la compañía del mismo modo que la compañía lo hace con sus ofertas de contenidos, incluyendo, por ejemplo, la posibilidad de ir a sus cines a ver un número determinado de películas cada mes.

Hablamos de un negocio, el de la exhibición de contenidos, que lleva tiempo aventurándose en el entorno digital, pero que indudablemente podría beneficiarse mucho de las sinergias creadas con el que es también el mayor competidor del mundo en cloud computing: creas tu película, la sitúas en la nube, y automáticamente, estaría disponible en 2,200 pantallas en 244 cines en Europa y más de 8,200 pantallas en 661 cines de los Estados Unidos.

¿Está el hombre más rico del mundo a punto de adquirir la cadena de cines más grande del mundo? ¿Y es para él una decisión comparativamente similar en términos proporcionales a la que tomamos cualquiera de nosotros cuando decidimos irnos al cine?


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