¿A dónde va Fitbit?
By Enrique Dans
La evolución de Fitbit, una de las compañías decididamente pioneras en el entorno de la cuantificación personal, parece estar experimentando una reciente evolución interesante y decididamente ambiciosa: tras la adquisición de Pebble del pasado diciembre y la recientemente anunciada de Vector, en ambos casos operaciones que interrumpen completamente la actividad de las compañías y las integran completamente en el flujo de desarrollo de Fitbit, todo indica que la empresa está apuntando al posicionamiento dentro del complicado mercado smartwatch, más allá del espacio que ocupaba como simple dispositivo cuantificador con algunas funciones adicionales.
El quién es quién en toda esta operación es relativamente sencillo de trazar: Fitbit fue en su momento la compañía pionera en el espacio del quantified self, fundada en 2007, desarrolló un mercado muy interesante en torno a esta categoría con una amplia gama de dispositivos de distintos tipos – trackers para llevar colgados en el cinturón, como pulseras, pero también básculas, etc. – y salió finalmente a bolsa en junio de 2015. Alcanzó su cotización récord, casi $48 por acción, en torno a un mes después de su salida, y desde entonces, no ha parado de caer, hasta llegar actualmente a cotizar en el entorno de los $7.
La adquisición de Pebble estuvo posiblemente basada en la oportunidad. Una compañía elevada a los altares por las habilidades comunicativas de su fundador, Eric Migicovsky, y su impacto en un fenómeno, el crowdfunding, que entonces despegaba, la situaron como compañía líder en recaudación por proyecto en dos ocasiones, con unos diez y unos veinte millones de dólares para su primer modelo – en puridad el segundo, porque antes habían fabricado y vendido uno para BlackBerry – y su último, el Pebble Time. Muchos atribuyen a Pebble el despertar de la categoría smartwatch: al convertirse en el primer producto que alcanzó cierta popularidad en este segmento, inspiró a muchas compañías de electrónica de consumo a lanzar sus propios modelos, y a muchos usuarios a adquirirlos. Sin embargo, el mundo corporativo no es tan sencillo como tener un buen producto, fabricarlo y venderlo, y la compañía estaba, en el momento de la adquisición por Fitbit, al borde de la quiebra. Tras la adquisición, en torno a un 40% de sus trabajadores han recibido ofertas para permanecer en Fitbit.
Vector es un caso diferente. Con desarrollo en Rumanía, sede corporativa en Londres y ex-ejecutivos de la industria relojera (Citizen, Bulova y Timex) y de la electrónica de consumo, la compañía pasa por ser una de las más eficientes a la hora de plantear especificaciones: dispositivos con pantalla de tinta electrónica, con buen diseño, buenos componentes – acero inoxidable y cristal de calidad elevada – una resistencia al agua de 50m. y, sobre todo, una duración de batería estimada en torno a un mes, hablamos de un producto decididamente interesante, aunque como en el caso de Pebble, es posible que le faltase la escala suficiente como para competir a alto nivel. Aún así, había captado ya dos millones de dólares y preparaba una ronda adicional. De nuevo, la compañía ha anunciado que no continuará con sus líneas de producto, y que se integra en la estructura de Fitbit.
Con estos elementos, todo indica que Fitbit se prepara para el lanzamiento de un smartwatch basado en una pantalla de tinta electrónica para competir con el líder de la categoría, el Apple Watch, y así parece indicarlo la propia Fitbit. La idea seguramente sería ofrecer una duración de batería elevada – uno de los problemas que muchos achacan a los smartwatch – y una orientación muy fuerte al mercado de la cuantificación. Posiblemente, la idea sería poner en el mercado un smartwatch con una buena integración con el smartphone y alertas bien diseñadas, que no hubiese que dejar en la mesilla de noche cargando a diario para así poder entrar en el mercado de la cuantificación del sueño nocturno, y con un buen enfoque a la cuantificación de la actividad física, tema en el que Fitbit siempre ha destacado especialmente. La marca cierta tiene reputación de cerrada porque, cuando Apple la expulsó de sus tiendas, tomó la decisión de no permitir la compatibilidad de sus datos con la aplicación de salud del iPhone al considerar a Apple como un competidor, pero esa posición no parece una cuestión de principios, sino simplemente una reacción competitiva a una compañía en concreto.
¿El problema? Por un lado, Fitbit no tiene, en su situación de cotización actual, recursos precisamente ilimitados. Por otro, la categoría smartwatch aunque esté muy lejos de ser un fracaso, no está resultando tampoco particularmente efervescente: quienes querían un smartwatch se lo han comprado y lo han probado ya, y quienes no, se incorporan al mercado con bastante lentitud. El líder de la categoría, Apple, que llegó a tener una participación de mercado del 70% en el tercer trimestre de 2015, pero había descendido al 40% a finales de 2016. El otro competidor importante, Google con Android Wear, está pendiente de una actualización de su sistema, y también es susceptible de generar una cierta tracción derivada de su estrategia de colaboración con múltiples marcas.
Como mercado, el del smartwatch no resulta particularmente sencillo. ¿Puede una compañía como Fitbit, tras hacerse con unos activos de expertise indudablemente buenos, aspirar a competir con monstruos como Apple, Google y otros en esta categoría? ¿Puede plantearse alcanzar ese sweet spot de prestaciones en el que los usuarios llevamos nuestro reloj con despreocupación durante muchos días, simplemente poniéndolo a cargar cada bastante tiempo como hacemos con dispositivos como un Kindle y olvidándonos casi el resto del tiempo de que funcionan con electricidad, compatible con iOS y Android, y con una buena funcionalidad de alertas y de cuantificación de la actividad física y la salud? Si es capaz de conseguirlo, podría tener un hueco interesante, aunque ello implique competir con compañías como Apple que, debido a la elección de otras tecnologías en lo referente sobre todo a la pantalla, plantean modelos de uso completamente distintos, en los que no son capaces de salir de la rutina de la carga diaria. En cualquier caso, competir ahí no parece, decididamente, una tarea fácil.
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