Netflix y las VPN: los contrasentidos de una web global

Netflix y las VPN: los contrasentidos de una web global

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By Enrique Dans

La evolución de Netflix y su idea de redefinir la televisión deja claro que es una compañía que, en el contexto de la evolución de la industria de la producción y distribución de los contenidos a nivel global, no puede ser ignorada. Su anuncio de agresiva expansión global a 190 paísestodos los del mundo con excepción de China, Corea del Norte, Crimea y Siria – realizado el pasado 6 de enero hizo subir el precio de la acción un 9% y la ubica en el entorno de los 80 millones de suscriptores globales. Actualmente, Netflix ofrece un crecimiento mucho más activo a nivel internacional que el que posee en el mercado doméstico norteamericano, puede acceder a un mercado de 540 millones de usuarios de banda ancha en todo el mundo, y no descarta China en el medio plazo. Que la acción fuese la mejor valorada de todo el S&P 500 el pasado año deja clara evidencia del potencial de la compañía.

La mentalidad de la empresa con respecto a la evolución futura de la distribución de contenidos está perfectamente clara, y ha sido hecha pública en un buen número de ocasiones: una visión a largo plazo que no tiene ningún problema en regalar pruebas de suscripción o en admitir que las claves sean compartidas entre varios usuarios o que se acceda a contenidos de otros países mediante proxies y VPNs, porque saben que todo ese tipo de irregularidades son flor de un día y terminan por convertirse en crecimiento sostenible. Además, manifiesta un absoluto agnosticismo de pantalla, lo que le cuesta no pocas batallas con exhibidores cuando anuncia estrenos simultáneos de contenidos en salas de cine y televisión, o cuando deja claro que el futuro son los estrenos mundiales simultáneos sin ningún tipo de ventana de explotación geográfica.

En ese contexto, ¿cómo interpretar que la compañía se lance a una batalla por bloquear el acceso a sus contenidos a través de VPNs y proxies? Si algo está perfectamente claro para cualquiera que sepa un mínimo de internet, es que una iniciativa así es una batalla perdida, un juego de gato y ratón destinado, a medio plazo, al fracaso. La primera escenificación de la batalla, de hecho, ha sido Australia: un mercado angloparlante, en el que más de 200,000 usuarios utilizan servicios de VPNs y proxies para evadir las ventanas de explotación geográfica y acceder a contenidos de otros países. Netflix ha disparado primero, pero solo ha conseguido que los servicios de este tipo se rían y consigan ofrecer soluciones a sus usuarios en cuestión de pocas horas.

¿Qué lleva a una compañía como Netflix a plantear una batalla que sabe de antemano perdida, y en la que además no cree? En el anuncio de la compañía se deja todo perfectamente claro: no solo no se va a utilizar ningún tipo de tecnología nueva o revolucionaria más allá de las viejas listas de direcciones IP, sino que además, se afirma que la compañía espera poder ofrecer todo su contenido en todas partes y que los consumidores sean capaces de disfrutar de todo Netflix sin necesidad de utilizar un proxy, y que ese es el objetivo que van a seguir persiguiendo. La frase textual de Reed Hastings, que no deja lugar a equívoco con respecto a sus planes, es

“The basic solution is for Netflix to get global and have its content be the same all around the world so there’s no incentive to use a VPN”

(“La solución obvia para Netflix es hacerse global y hacer que su contenido sea el mismo en todo el mundo para que no exista incentivo al uso de una VPN”)

La explicación, aunque paradójica, tiene sentido. Por un lado, complicar la vida a aquellos que, en cada mercado, intentan obtener acceso al contenido de otros países implica, a corto plazo, más suscriptores en esos países, dado que el acceso mediante VPN ha acostumbrado a esos usuarios a pagar por los contenidos. Aunque una pequeña proporción de usuarios amenacen con cancelaciones o recurran a canales irregulares o a páginas como la “unofficial Netflix online Global Search”, o uNoGS, que ofrece una base de datos completa de la oferta de Netflix en todos los países con información sobre doblaje y subtítulos y las VPNs, proxies o DNS que dan acceso a cada contenido, la batalla de la compañía se desarrolla a largo plazo, y eventualmente, como ya hemos visto, termina en el fin de las ventanas de explotación geográfica. Pero la situación actual es la que es, la fragmentación por mercado es enorme, y los agravios comparativos entre países en función de la disponibilidad de contenido están ahí, lo que obliga a Netflix a tratar de convencer a los proveedores de contenidos con los que aún mantiene acuerdos de que, en efecto, está intentando hacer algo para evitar que sean consumidos irregularmente. Por un lado, tratar de avanzar hacia la meta de ofrecer un solo catálogo a todo el mundo; por otro, mantener contentos a los que le ofrecen esos contenidos, para evitar que se los lleven a otro sitio.

Al final, una pura paradoja: meterte en una guerra absurda que sabes que tecnológicamente abocada al fracaso, simplemente para guardar las formas. En efecto, la web es global, aunque algunos no quieran resignarse a que lo sea, y este tipo de contrasentidos son una buena prueba de ello.

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