La reinvención es un proceso sumamente difícil, pero Apple lo ha conseguido de nuevo
By Enrique Dans
Mi columna de esta semana en Invertia se titula «Apple y la reinvención de la computación» (pdf), y es un intento de transmitir lo que realmente creo que significa un producto como Apple Vision Pro, sabiendo de antemano que la reinvención es un proceso extraordinariamente complejo, que Apple ha sido capaz de volver a hacerlo en una categoría como la realidad virtual y aumentada, y que no van a faltar escépticos de todos los colores apuntándose al carro de los memes, la sorna y la ironía a la hora de descalificarlo.
Presentar un producto sobre el que todo el mundo tiene expectativas elevadísimas y hacerlo de la manera que lo hace Apple es muy difícil. Hacerlo cuando el producto está aún en su fase inicial, a pesar de que según los que han tenido la oportunidad de probarlo, responde perfectamente a lo que promete, es aún más arriesgado, porque sabes que al final de la presentación, todos dirán eso de «ya, pero falta aún más de medio año para que se lance».
Si además, la dimensión de lo lanzado excede con mucho la del producto, es una plataforma completa con su sistema operativo, su tienda de apps y sus herramientas de desarrollo – un producto lanzado, no lo olvidemos, en una WWDC, es decir, para los desarrolladores, no en otro momento – y contiene una cantidad de procesadores, sensores, cámaras y materiales de una calidad que eleva su precio hasta unos inverosímiles $3,500, la cosa se pone más compleja aún: hagas lo que hagas, sabes que será blanco de todo tipo de críticas, que la cantidad de personas que se dediquen a criticarlo y, por extensión, a toda la compañía, será enorme. Que si tiene forma de riñón porque tienes que extirparte y vender uno para pagarlo, que si nadie va a ponerse esa especie de gafas de bucear, que si es el Google Glass de Apple… no hay como dar gasolina a los escépticos como para comprobar la capacidad del ser humano para la crítica.
Pero dejando todo eso aparte, a mí, como analista, me toca hablar del producto. Y mi impresión es que es sencillamente brutal. Esa la reinvención de la computación más importante que he visto desde hace muchos años. Llevo décadas tratando de conseguir monitores más grandes, y viene Apple y me virtualiza el monitor, lo convierte en prácticamente ilimitado, y me permite trabajar con él mediante una interfaz sencillísima, prácticamente inexistente, con apariencia «natural». Si alguien buscaba metaversos… que se olvide: la palabra ni salió en la presentación, como no salió la inteligencia artificial, porque como yo, entienden que eso no existe, que se trata de machine learning y que se incorpora a todo. Si usaremos las Vision Pro para adentrarnos en un mundo virtual o no, ya lo veremos. Por el momento, lo que ha hecho Apple es reinventar la forma en la que vamos a hacer muchísimas más cosas: desde trabajar hasta consumir contenidos, pasando por relacionarnos.
Reinventar la realidad virtual y aumentada para conseguir un producto que alterna entre ambas con el giro de una corona que gestiona el nivel de inmersividad, que reacciona cuando una persona se acerca para que puedas no solo verla, sino que además, ella pueda ver tus ojos; crear todo un sistema de autenticación basado en el iris; y diseñar un visor que puede llevarse de manera mucho más cómoda que cualquiera de los anteriores y capaz de hacer muchísimas cosas más es algo que solo Apple sabe hacer. De la noche a la mañana, todos los visores de realidad virtual que conocíamos quedan relegados a patéticos juguetes de plástico barato. Sí, el de Apple cuesta unas diez veces más… pero según los que lo han tenido la oportunidad de probarlo, claramente lo vale.
La sensación es exactamente la misma que cuando se lanzaron el Mac, el iPod, el iPhone, el Apple Watch o muchos otros productos de la compañía: han reinventado completamente una categoría que lo necesitaba desesperadamente porque lo que había era basura, y a partir de hoy, todo lo que veamos en ella luchará por parecerse a esto. Obviamente, eso no garantiza que a Apple, con ese precio y esas expectativas, le vaya a ir bien: no hace falta recordar que un porcentaje muy elevado del mercado piensa que todos y cada uno de los productos de Apple son gadgets ostentosos y sobrevalorados con precios astronómicos que bajo ningún concepto valen lo que cuestan. Pero Apple no fabrica para ese porcentaje del mercado, que además seguramente no podría pagarlo aunque quisiera. Apple fabrica para quienes saben apreciar la funcionalidad que obtienen a cambio de su dinero, y los demás, que critiquen y que jueguen a convencerse a sí mismos de que no tienen envidia.
Lo que ha hecho Apple es exponer su visión de la computación más allá del iPhone. La compañía que redefinió e hizo realidad el concepto de smartphone, ahora viene y nos pone una pantalla delante de la cara, algo muy difícil de hacer y más difícil aún de hacer bien: la pantalla no desaparece, sino que hace lo contrario, se pone ante nuestros ojos, pero con ello, nos ofrece la posibilidad de redefinir todo lo que hacíamos con ella. Para quien pasa varias horas todos los días leyendo noticias, la posibilidad de hacerlo en un dispositivo como este resulta brutalmente atractiva: concentrado, pero no aislado, no encerrado. Para quien ve una película en un vuelo largo, para qué vamos a hablar. Pero también para quien hace muchas otras cosas, porque la interfaz es tan sencilla como mover las manos, usar un teclado – virtual o físico – y un pad, o usar la voz.
¿Raro? Por supuesto: nadie más que Oculus, HTC y unos pocos más habían tratado de ponernos una pantalla delante de los ojos, y habían fracasado estrepitosamente: la inmensa mayoría de las que vendieron no superaron ninguna expectativa y están metidas en un cajón. Nadie espera que vayas por la calle con una especie de gafas de bucear: las usarás en tu casa, en un avión, en tu trabajo y en ocasiones en las que normalmente estarías trabajando delante de la pantalla de tu ordenador o consumiendo contenidos. Apple nos acaba de decir cómo va a ser la fusión entre realidad virtual y aumentada en un solo producto, y nos acaba de demostrar que ya está aquí, que ya existe, aunque tengamos que esperar hasta más allá del año que viene para verlo.
¿Pagaría $3,500 para tener este producto? Por supuesto, mañana mismo, y es más, me compraría dos, uno para mí y otro para mi pareja. Por dos razones fundamentales: una, porque puedo. Y dos, porque valor lo que me ofrece. ¿Lo hará el resto del mercado? No, seguro que no: lo harán los que entiendan la productividad y la experiencia que pueden obtener de un producto así, los que lo valoren hasta el punto de pagar ese precio, los que además puedan gastarse ese dinero, y los que no quieran esperar al enésimo clon de la compañía me too de turno que lo saque en plástico barato por mucho menos dinero. ¿Servirá ese segmento como para considerar el producto un éxito, o no será suficiente? Ni idea. Pero lo que sí sé seguro es que he visto la forma en la que vamos a relacionarnos con un ordenador en el futuro. Y eso es enormemente importante.
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