Castillos de humo: To be or not to be Influencer

Castillos de humo: To be or not to be Influencer

 

Cuántas veces hemos estado entretenidos visualizando contenidos en YouTube y compartiéndolos mediante links con nuestra red de contactos y amigos. Cuantas veces recibimos mensajes en cadenas espirales para ver o leer algún contenido a través de nuestro Smartphone. Este ejercicio se ha convertido en una cotidianeidad a la que estamos sobradamente acostumbrados  y se ha convertido en un hábito.

El mundo digital tiene muchas cosas buenas, pero sin embargo, como en todo, se pagan precios visibles o invisibles. El ser humando se ha convertido en un  zombi en la sociedad de la información que vivimos. En un mundo donde lo digital, el contenido es el rey y los influencers son los discípulos de esta creencia y de esta filosofía.

Nuestro ocio pasa ahora más que nunca por desconectar conectándonos a internet o a alguna de las redes sociales y divagar entre contenidos, textos e imágenes durante horas. Es la forma fácil que tenemos de “descansar” de desconectar de nuestro día a día. Antes teníamos la televisión, la radio, la prensa escrita, ahora tenemos un nuevo player gracias a internet.

Nuestros nuevos ídolos han surgido a golpe de clic. Son personas que dominan internet y lo usan como una prolongación de su ADN. Los nuevos gurús, los nuevos mesías de la sociedad son los “predicadores” de la red, es decir, los influencers, creadores de contenido en forma de video, blog, chat, o cualquier otro ornamento digital que queramos. Entran en nuestra vida, en nuestra intimidad a través de esa gran puerta que cada uno abre y cierra a su gusto y que se denomina Smartphone.


Esta apertura de fronteras, o mejor dicho, esta ruptura de territorios es algo positivo, porque ponerle vallas al campo, pero sin embargo, confundimos libertad con libertinaje,confundimos apertura con intromisión saturada. Es bien cierto que cada uno tenemos el poder de hacer on y off a golpe de clic, pero una vez abierta la puerta, estamos sujetos a que podamos ser contaminados de múltiples formas a pesar de que pongamos límites, frenos y barreras, ya que en algo global que proviene de impactos 360º es difícil aislarse.

Ante este mundo tan duro, tan cruel, donde somos meras piezas de la productividad, necesitamos como los antiguos romanos, un circo particular para desconectar, para explotar nuestra tensión del día a día y para aparentemente relajarnos, este circo es de carácter y orden digital, y en él, los gladiadores son los perfiles denominados influencers.

Alcanzar el status de influencer no es algo difícil, ni requiere de estudio, meditación y mucho ornamento, es tan fácil, como hacer o decir algo que tenga gracia, que cause provocación y tendremos como premio la viralidad o propagación de las masas. Crear contenidos formales, académicos, con rigor es complejo, lleva implícita una ardua labor de conocimiento, investigación y desarrollo, pero volcar un video de nuestras últimas vacaciones o de algo que nos ha ocurrido es muy sencillo, y es aquí donde ese poder de viralidad es un juego de atracción. Porque, ¿que es lo que gusta a la audiencia? Una conferencia de un premio Nobel hablando del genoma humano o una imagen frívola, divertida de carácter social, sexual, grotesco…

Tanto una opción como otra se dan en el mundo virtual y tienen su audiencia, pero la quevemos que tendrá más impacto y continuidad es aquella vulgar y chabacana. El ser humano es así, no le demos más vueltas. Disfrutamos viendo caídas tontas y accidentes de las personas. Disfrutamos viendo las miserias de otros para remediar y perder de vista por un momento las nuestras. Es por ello que hay muchos influencers que juegan a este nivel (no todos), pero incluso para jugar en esta división hay que tener mucho valor y conocimiento para llenar de contenidos vanos y triviales la red. Todo tiene su mérito y su arte incluso de aquellas figuras que son ídolos con pies de barro. Causa también admiración el poder que tienen para que con contenidos banales sigan ocupando las primeras posiciones en buscadores y rankings en internet. Como digo todo tiene mérito, pero está en nosotros darles el verdadero valor. Las cosas tienen valor no por ser buenaso malas, no por ser licitas o ilícitas, tienen valor dependiendo de quien las quiera ver o comprar. Y para todo en esta vida hay público y audiencia, es solo capacidad de detectar dónde está.Influencers

Muchas veces nos quejamos de los contenidos, de que este o aquel han hecho o dicho algo y se ha convertido en trendingtopic, pero no hacemos nada, o mejor dicho apagamos la TV o miramos otro contenido en nuestro internet en nuestro Smartphone. El hombre tiene lo que se merece, o mejor dicho el hombre es dueño de su causa-efecto. En nuestro poder esta nuestra penitencia. Construyamos lo que queramos, pero seamos conscientes de que cualquier acto tendrá repercusión real, virtual y digital. Los influencers son solo una parte de la sociedad, son “bufones” al servicio de su dueño y señor, o sea, nosotros mismos, y ellos son solo una prolongación de lo que somos, de aquello a lo que aspiramos y deseamos, ellos dan pan al pueblo que les alimenta.

Dejemos de ser frívolos, dejemos de pensar solo en nosotros mismos. El mundo es una entidad global que todos alimentamos. Protestemos y manifestémonos de aquello que no nos gusta. No todo vale, ni siquiera en el mundo virtual.

Escrito por: Miguel Angel González Cernuda, creador del modelo de gestión de clientes MKi4©patentado en varios países. Experto en Marketing de clientes, fidelización y management.

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